El 14 de agosto marca, cada año, el final del Triduo a la Divina Pastora de las Almas Coronada. En esta ocasión el tercero de estos días de cultos que abre la puerta a una nueva festividad de la Asunción de la Santísima Virgen. En esta ocasión, la eucaristía tuvo como dedicatoria a los hermanos de la corporación. Por ello durante la celebración grupos de jóvenes hermanos, el coro de la hermandad, la cuadrilla de costaleros o los escoltas de la Guardia Civil quisieron ofrendar sus elementos más valiosos ante las plantas de la Santísima Virgen.
Una eucaristía que, como en los dos primeros días, estuvo oficiada por el reverendo padre fray Juan Carlos González del Cerro, O.P., prior del Real Convento de Santo Domingo de Jerez de la Frontera. En su homilía situó la celebración eucarística en el marco de la solemnidad de la Asunción de la Virgen y del cierre del triduo dedicado a la Divina Pastora. El predicador recordó que el dogma de la Asunción fue proclamado el 1 de noviembre de 1950 y que completó los cuatro grandes dogmas marianos. Al mismo tiempo, subrayó que la fe en la participación plena de María en la gloria de su Hijo se remontaba a los primeros siglos de la Iglesia, especialmente a través de la tradición oriental de la Dormición de la Virgen. La Asunción fue presentada así como la Pascua de María y como anticipo del destino glorioso de la Iglesia.
Durante la predicación, María fue presentada como signo de esperanza ante la muerte y como anuncio de la resurrección. A partir de las lecturas, el sacerdote la identificó con el Arca de la Nueva Alianza, al haber llevado en su seno a Jesucristo, Verbo hecho carne y Salvador del mundo. También vinculó esta imagen con la representación de la Divina Pastora en su risco, con manto y corona, como expresión del amor de San Fernando hacia la Virgen y de la esperanza de sus hijos en la vida eterna. La segunda lectura sirvió para recordar que lo corruptible se revestiría de incorruptibilidad y que el destino del cristiano no sería el cementerio, sino la resurrección.
Finalmente, la homilía llevó la reflexión hacia la figura de María como mujer del «sí», aquella que aceptó la voluntad de Dios incluso sin comprender plenamente sus designios y que conservó y meditó los acontecimientos en su corazón. El predicador exhortó a los fieles a caminar bajo el amparo y la intercesión de la Virgen, confiando en que la voluntad de Dios era siempre buena. La predicación concluyó con la evocación de la conocida expresión de San Juan de Ávila sobre la necesidad de conservar la devoción a María.
Tras la finalización de la eucaristía se hizo entrega a dos hermanos de la corporación -José María Ruiz Martín y Antonio González Cabrerizo- del reconocimiento por sus bodas de oro en el seno de la nómina de hermanos pastoreños. Igualmente los escoltas de la Guardia Civil que cada año acompañan a la Divina Pastora hicieron entrega de un tricornio de plata como agradecimiento por su intercesión.










