La jornada del Domingo de Pasión está marcada en rojo en el barrio de la Ardila. Desde la Solemne Función por la mañana pasando por el Besapié al Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia durante toda la jornada, son sin duda momentos de muchos encuentros, de muchas vivencias y de mucha hermandad.
Así se vive esta jornada, de alegría jubilosa. Todo hasta llegar el rezo del Vía-Crucis. El templo se vuelve en un silencio que se compara de forma opuesta con el bullicio de la mañana y la tarde. Con la luz de las velas y el canto de la saeta que se diluye entre el incienso poco a poco el Señor de la Humildad y Paciencia es trasladado a su paso.
Las saetas, dos, rasgan el silencio. Y cuando el Señor se encuentra junto a su paso, suena la marcha ‘Mater Mea’ y comienza la maniobra para entronizarlo. Sin su cruz, sin potencias. Que una vez ya arriba le son colocadas.
Entonces, cuando todo ha pasado regresa la luz, y los aplausos. Y la Ardila vuelve a ser la Ardial, cuando el Señor de la Humildad y Paciencia ya descansa sobre su paso.







