Domingo previo al primer viernes de marzo. Misa de siete de la tarde. Una vez finalizada se apaga toda la luz artificial de la Iglesia Mayor y solo las velas de altares y los que iluminan la parihuela de Jesús Cautivo y Rescatado iluminan el primer templo de la ciudad.
Al órgano José González García, Pepe ‘Mellao’ sonando Mektub. Parejas de hermanos con cirios siguen a la cruz parroquial que va marcando el camino por la nave central. Se hace el silencio, solo la música del órgano. Es el sonido de una nueva Cuaresma, es la previa del Quinario de la Archicofradía de Medinaceli, es otro de los momentos marcados en rojos en el calendario cofrade de la ciudad.
Portada por hermanos la parihuela va llegando hasta el altar mayor, las notas de Mektub se alargan y cuando Jesús Cautivo vuelve a mirar de frente a sus fieles, los tres golpes del llamador sobre la pairhuela hacen que concluya todo. Todo menos las oraciones por parte del Hermano Mayor de la corporación, Francisco Heredia, y el aviso de participación en los cultos.
Pocos minutos, un acto grande de las hermandades isleñas.







