La Hermandad del Ecce-Homo organizó este pasado viernes una nueva cita formativa bajo el nombre de ‘Aulas de formación Salus Infirmourm’ que se desarrolló en los salones parroquiales del templo pastoreño dando comienzo a las ocho de la tarde.
La misma bajo el título ‘Adviento. Signos y símbolos’ estuvo a cargo de Antonio Moreno Olmedo que fue presentado a los asistentes por el Hermano Mayor de la corporación del Lunes Santo, Ramón Cao Rondán.
Moreno Olmedo presentó el Adviento como un tiempo de esperanza, preparación y apertura al misterio central de la Navidad: la encarnación de Dios, que se hace uno de nosotros. Desde su experiencia vinculada a la parroquia, Cáritas, la docencia y la vida familiar, explicó que toda celebración importante requiere una preparación previa y que la liturgia recoge esa necesidad humana para darle una dimensión espiritual. El Adviento, equivalente litúrgico de la preparación ante una gran celebración, conduce a la Navidad mediante cuatro domingos en los que la Iglesia invita a disponer no solo la casa, sino también el corazón. Frente al carácter penitencial de la Cuaresma, Moreno subrayó que este periodo está marcado principalmente por la esperanza y por la espera de la venida del Señor, anunciada por los profetas y culminada en el nacimiento de Jesús.
Uno de los ejes de la conferencia fue la corona de Adviento, presentada como un recurso sencillo para trasladar a los hogares el sentido de la liturgia. Su forma circular representa a Dios como principio y fin, mientras que el verde de sus ramas simboliza la esperanza. Las cuatro velas acompañan cada uno de los domingos previos a la Navidad y permiten realizar una oración familiar progresiva. Moreno repasó también el significado de los colores litúrgicos: el morado, relacionado con la conversión; el verde, con la esperanza; el blanco, con la paz y la alegría de la Navidad; y el rosa del domingo Gaudete, como una pausa luminosa dentro del tiempo de espera. Junto a la corona, propuso recuperar prácticas como el calendario de Adviento, la oración semanal y la formulación de pequeños compromisos o sacrificios. A su juicio, estos gestos solo tienen sentido si ayudan a vivir una preparación interior y compartida, capaz de convertir la Navidad en una experiencia espiritual y no únicamente en una sucesión de celebraciones externas.
La charla se detuvo asimismo en las principales figuras bíblicas del Adviento. Isaías aparece como el profeta que anuncia la llegada del Mesías; Juan Bautista, como quien llama a preparar el camino del Señor; y María, como modelo de oración, silencio y aceptación. Moreno destacó que la última semana, del 17 al 24 de diciembre, posee una intensidad especial y recordó las llamadas antífonas de la «O», con invocaciones como «Oh Sabiduría», «Oh Sol» u «Oh Emmanuel», que expresan el deseo creciente de la llegada de Cristo. En este recorrido, María ocupa un lugar central: recibe el anuncio del ángel en actitud de oración, guarda en su corazón las palabras de Simeón y afronta el sufrimiento de acompañar a su hijo hasta la muerte. El ponente vinculó así el nacimiento de Jesús con el conjunto del misterio cristiano, que incluye la pasión, la muerte y la Resurrección, y defendió que los símbolos litúrgicos ayudan a acercarse a una realidad que no puede agotarse mediante explicaciones racionales, aunque sí puede ser contemplada y vivida con humildad.
Otro de los asuntos principales fue la transformación de las costumbres navideñas y la necesidad de preservar el sentido cristiano de la celebración. Moreno recordó que, durante su infancia, la Nochebuena se organizaba en torno a la misa del gallo, a la que la familia acudía después de una cena sencilla. Al regresar, los vecinos compartían dulces y villancicos, en una forma de convivencia en la que la celebración religiosa ocupaba el centro. También relató cómo intentó transmitir esa prioridad a sus hijos y nietos, procurando que la comida, las luces, los regalos y los preparativos no desplazaran el nacimiento de Jesús. En esa misma línea, defendió la presencia del belén frente a una Navidad reducida al árbol, las compras o la decoración, y narró la procesión familiar que realizaban hasta el nacimiento con una vela, la Biblia y villancicos. Para Moreno, estas tradiciones no son simples adornos, sino expresiones de una memoria religiosa y familiar que puede educar a los niños y mantener viva una forma de entender la Navidad.
Finalmente, el conferenciante reivindicó el valor de la religiosidad popular, la hospitalidad y la vida comunitaria como espacios donde las tradiciones adquieren significado. Aludió a la prolongación de la Navidad hasta la Candelaria, el 2 de febrero, y relacionó esta fiesta con la presentación de Jesús en el templo, la luz y el fuego. También explicó algunos rasgos de la misa del gallo, como la adoración o bendición con la imagen del Niño Jesús, la sobriedad litúrgica del Adviento y la ausencia del Gloria durante este tiempo. Ante la pregunta sobre la pérdida de la misa de medianoche, atribuyó el fenómeno a una suma de cambios sociales y familiares, especialmente al retraso de las cenas y a la transformación de los ritmos de convivencia. Su propio testimonio estuvo marcado por la acogida: en su casa, la puerta permanecía abierta para recibir a personas que pudieran encontrarse solas. La conferencia concluyó con un llamamiento a comprender el origen y el sentido de cada rito, recuperar la participación familiar y parroquial y recordar que celebrar la Navidad implica mucho más que reproducir sus formas externas: significa abrir espacio para que Cristo nazca en el corazón.










