El ecuador que divide el 14 y 15 de agosto en la Pastora está muy marcado. Cada año es igual, pero distinto. Y es que una vez finalizado el último día del Triduo a la Divina Pastora y tras un breve receso se prepara todo para iniciar un nuevo Rosario de antorchas, el rezo junto al Simpecado de la hermandad por las calles del barrio.
Una vez más los hermanos acompañan en la fila antecediendo al Simpecado que es iluminado con antorchas durante el camino. La cuadrilla de costaleros porta al Simpecado que va surcando las distintas calles, incluyendo momentos emotivos en los que se gira a alguna casa de algún hermano. El sonido del trío de capilla acompaña entre cada uno de estos rezos.
Y así hasta la medianoche cuando el Simpecado regresa de nuevo al templo y con él, comienza un nuevo 15 de agosto con la felicitación a la Santísima Virgen que cada año corre a cargo de uno de sus hermanos. En este caso fue José María Vidal Muñoz hermano de esta corporación que durante años ostentó el cargo de capataz de su cuadrilla de costaleros.
Vidal Muñoz quiso comenzar su alocución felicitando a la Virgen y haciendo una reflexión personal «aunque en un tiempo haya estado ausente, aunque haya estado perdido, tú nunca me has dejado, fui yo el que me fui» y añadió «el que no quiso saber ni aceptar la historia de una incomprendida decisión que más que incomprendida fue un poco obligatoria».
Tras esto los piropos a la Copatrona isleña no cesaron, al igual que un repaso a los inicios de la actual hermandad pastoreña, las vicisitudes de los años ochenta y noventa y el resurgimiento absoluto años más tarde. No faltó tampoco las refrencias costaleras de quien fue su capataz, o el recuerdo a la jornada del 1 de noviembre con la Coronación Canónica de la Virgen aunque el exaltador afirmó, en varias ocasiones, que era de la Pastora «de cayado y sombrero».
Una gran ovación tras los vivas a la Virgen cerró esta felicitación en lo que es el primero de los momentos de un nuevo 15 de agosto junto a la Divina Pastora.








