La conmemoración de las bodas de platino de la Venerable y Seráfica Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Amor y Nuestra Señora de la Esperanza vivió en la tarde de ayer, viernes 25 de septiembre, una de sus páginas más esperadas. Tras el aplazamiento de las fechas previstas inicialmente para el mes de julio, la corporación franciscana inició el núcleo central de sus cultos extraordinarios con el solemne traslado del Señor hacia la Santa y Apostólica Iglesia Catedral.
A las seis de la tarde, las puertas de la iglesia conventual de San Francisco se abrían de par en par para dar salida al cortejo. La efigie que tallara José Rivera García en 1940 se presentaba sobre su paso procesional, configurando una estampa solemne y cercana que congregó a centenares de devotos y cofrades de la capital y localidades vecinas desde los primeros compases del itinerario.
La estampa de los orígenes
El Señor recuperó para la ocasión la imagen de sus primeras salidas: procesionó sin la figura de Simón de Cirene y vistió túnica morada de terciopelo liso, con corona de espino, cinturilla y cordón dorado y sus primitivas potencias de plata, en lugar de la estampa habitual con la que cada Lunes Santo recorre Cádiz.
Sobre el pecho estrenó un broche pectoral y unos gemelos de plata de ley bañada en oro, con amatistas, perlas cultivadas y el anagrama IHS, diseñados por Lucio Rodríguez y elaborados en los talleres de la Joyería El Toisón de Sevilla. Las piezas han sido donadas por familias de hermanos fundadores, un detalle que une el presente de la corporación con quienes la pusieron en pie en 1951.
El paso, además, sustituyó sus faroles habituales por los candelabros de guardabrisas cedidos por la Hermandad de Humildad y Paciencia, obra de Manuel Guzmán Bejarano de 1985, y lució un exorno floral de José Carlos Hernández Ruiz a base de un monte de orquídeas Cymbidium y Wanda Blue, rosas Kendal y otras variedades.
Un recorrido medido por el corazón de extramuros e intramuros
El caminar de la cuadrilla de hermanos cargadores llevó al Señor por la plaza de San Francisco y la calle Tinte para desembocar en la amplitud de la plaza de Mina. Desde allí, el cortejo buscó el tramo de San José para adentrarse en la emblemática calle Ancha, donde el gentío arropó con intensidad el pausado discurrir de las andas.
Uno de los grandes atractivos de la jornada radicó en el plano musical. La Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Salud, de la Sección Musical de Los Gitanos de Sevilla, fue la encargada de guiar con sus sones el caminar del Nazareno blanco -en este caso con túnica morada- durante todo el itinerario. Con un repertorio cuidado que alternó composiciones de impronta clásica con marchas de corte solemne, la formación hispalense dotó al traslado de un compás medido y sobrio.
El cortejo continuó su discurrir por Novena, virando hacia la calle Barrié y encarando el lateral derecho de la plaza de las Flores. A medida que la noche ganaba terreno en la ciudad, el paso encaró la calle Compañía, punto habitual del caminar cofrade gaditano, antes de desembocar ante la imponente fachada del primer templo diocesano.
Llegada a la Seo gaditana
Al filo de las diez de la noche, y cumpliendo con el horario previsto por la fiscalía de la cofradía, el paso del Nazareno del Amor alcanzaba la rampa y el acceso por la calle Arquitecto Acero. Entre el recogimiento de los fieles y los últimos acordes de la banda, el Señor cruzó las naves catedralicias para quedar dispuesto ante el altar mayor de cara a los cultos centrales de la corporación.
El traslado de ayer marca el pórtico de un fin de semana histórico. La Catedral acoge este sábado la Solemne Función Pontifical conmemorativa del LXXV Aniversario fundacional, preludio de la procesión extraordinaria de regreso que devolverá al Nazareno del Amor a San Francisco a partir de las 21:30 horas, en esta ocasión con los sones de la Agrupación Musical Santa María Magdalena de Arahal.










