Ya es oficial: El humo blanco ha salido de la Capilla Sixtina, y eso significa que los cardenales han llegado a un acuerdo y que ya hay un nuevo Papa. Después de horas de expectativa y especulación, la señal definitiva ha aparecido sobre el cielo de Roma.
Miles de personas reaccionan con emoción en la Plaza San Pedro. Las campanas suenan, las cámaras se enfocan en el balcón central del Vaticano y el mundo entero espera el anuncio del nombre que marcará el inicio de un nuevo pontificado.
El protodiácono de la Iglesia Católica es el encargado de anunciar quién seráel próximo papa. Para hacerlo, saldrá al balcón central de la basílica de San Pedro y pronunciará la tradicional fórmula en latín: “Annuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam!” (“¡Os anuncio una gran alegría: tenemos papa!”). Después, anunciará el nombre del nuevo papa y el que ha elegido como pontífice.
El cardenal protodiácono es el que más lleva en el cargo entre los cardenales diáconos. En esta ocasión, salvo que sea él mismo quien ha salido elegido papa, será Dominique François Joseph Mamberti, un cardenal francés nacido en Marrakech en 1952, con gran experiencia como diplomático y en Derecho Canónico.
Mamberti anunciará, en latín ―lo que hace que veces no se comprenda bien a la primera lo que dice―, quién es el nuevo papa y qué nombre ha elegido. En ese momento aparecerá el sucesor de Francisco y se dirigirá por primera vez a los fieles. Desde que humea la fumata blanca hasta que el nuevo pontífice sale al balcón suelen pasar en torno a 45 minutos de gran expectación.
Ha sido un cónclave muy rápido, como ocurrió con el de Benedicto XVI en 2005, de cuatro votaciones. Con una votación menos que el de 2013, que eligió a Francisco.






