Antes de pintar o de empapelar de nuevo hay que quitar papel pintado viejo sin destrozar el yeso que hay debajo. El trabajo tiene poco misterio y mucha paciencia: identificar el revestimiento, humedecerlo bien, rascar sin tirones y dejar la pared limpia, seca y sellada antes del siguiente acabado.
Identificar el revestimiento antes de quitar papel pintado
No todos los revestimientos murales se comportan igual. Los papeles tradicionales absorben el agua y se despegan con facilidad; los vinílicos y los soportes de fibra llevan una capa impermeable que impide que el líquido llegue a la cola, y los pelables se separan en dos capas, de modo que la superior sale en seco y la inferior queda pegada como soporte. La norma UNE-EN 235, que fija el vocabulario y los símbolos de los revestimientos decorativos, es la referencia que utilizan los fabricantes para indicar en el rollo cómo se retira cada tipo.
El orden correcto para quitar papel pintado empieza por una prueba rápida en una esquina discreta, que despeja la duda en un minuto: si al levantar el papel con la espátula sale una lámina entera y limpia, es pelable; si se rompe en trocitos, habrá que mojarlo. Antes de empezar conviene proteger rodapiés y suelo, retirar los embellecedores de enchufes e interruptores y proteger las cajas eléctricas con cinta de pintor.
Humedecer, perforar y rascar
La clave de todo el proceso es que el agua o el producto quitapapel alcancen la cola. En los papeles impermeables hay que abrir paso antes: se pasa un rodillo perforador o se hacen cortes en cruz con un cúter, y también sirve lijar la superficie con un cepillo metálico para que el líquido penetre mejor.
Después se aplica el producto de forma abundante, con pulverizador o con rodillo de pintura, y se deja actuar entre diez y quince minutos; con agua caliente basta con esperar unos cinco minutos por zona. Luego se rasca con la espátula empezando por una esquina inferior y sin dar tirones bruscos, reaplicando el líquido allí donde el papel se resista. El vaporizador de papel pintado es la alternativa cuando hay varias capas superpuestas: el vapor ablanda la cola en segundos y permite quitar papel pintado antiguo sin llegar a empapar el yeso del soporte.
Restos de cola y reparación de la pared
Terminado el rascado queda la parte que más se descuida: la cola. Hay que limpiar a fondo el adhesivo que sigue en el muro, porque cualquier resto se marcará bajo la pintura o impedirá que el nuevo papel agarre. Con la pared limpia se revisan grietas, agujeros y esquinas dañadas; las grietas se abren ligeramente, se limpian de polvo, se humedecen y se rellenan con masilla, y los agujeros se tapan con masilla de renovación. Cada reparación se lija con papel de grano fino cuando ha secado según indique el fabricante.
El último paso es la imprimación. Es una base líquida que sella los poros, uniforma la absorción del soporte y evita manchas irregulares, y está especialmente recomendada en paredes muy absorbentes, en placas de cartón yeso y en superficies con restos de cola u otros revestimientos previos.
Conviene no tener prisa con el secado: la pared debe estar completamente seca antes de imprimar, y aún hay que esperar unos días desde la retirada del papel hasta volver a pintar o empapelar, porque la humedad retenida en el yeso arruina el acabado. Con el soporte liso, sellado y seco, la siguiente capa dura mucho más y el esfuerzo de quitar papel pintado se nota en el resultado final.
