425 años de historia recorridos en algo más de cinco horas por la gaditana Virgen de la Soledad



Una hora en la calle por cada siglo de historia. Más de cuatro horas de procesión para recordar que la hermandad del Santo Entierro ha cumplido 425 años de historia. Una procesión, protagonizada por la Virgen de la Soledad, que quiso además ser un homenaje a las diferentes sedes canónicas que ha tenido la corporación en este tiempo. El convento de Santa María, la iglesia de San Francisco, San Agustín y la actual, la Catedral Vieja, a lo que se suma la ermita de San Roque hoy desaparecida. Por delante de todas ellas (salvo la que hoy en día no existe) transitó ayer la Dolorosa del Sábado Santo, que lució en su paso sin la cruz que habitualmente remata la escena.

Debía haber sido en sábado la procesión, pero el Carnaval de verano quiso que la cofradía aceptara la propuesta del Ayuntamiento a trasladarla a ayer domingo. Y posiblemente eso restó algo de público en las calles. Poco antes de las nueve de la noche se ponía en marcha el cortejo, que partía desde la iglesia de Santa María, donde la Virgen de la Soledad llegó en la noche del jueves y donde el viernes estuvo en besamano.

Una veintena de hermanos acompañaba a la Dolorosa portando cirio, participando también de este día señalado las hermandades radicadas en Santa Cruz (incluido Las Aguas, que pese a no tener la Catedral Vieja como sede canónica sí procesiona desde allí en estos últimos años, y sin contar al Perdón, que al estar intervenida por un comisario no participa corporativamente en estos actos) con una amplia representación; y también alguna hermandad del Santo Entierro de la diócesis, como San Fernando, Alcalá y Chiclana, en ese objetivo de unificar a estas hermandades que comparten advocación y que en mayo del próximo año celebrarán una convivencia en la capital. En la presidencia marchaban los hermanos mayores de las cofradías representadas en el cortejo junto a la junta de gobierno del Santo Entierro, al párroco de Santa Cruz, Rafael Fernández, y una representante de la Subdelegación de Defensa.

Escoltada por reservistas voluntarios, la Virgen de la Soledad asomaba al Campo del Sur al filo de las nueve de la noche, con la luz espectacular de esa hora del atardecer veraniego. Con un discreto y elegante exorno a base de rosas, con tono rosáceo, el paso avanzaba acompañado de la música interpretada por la banda de Julián Cerdán, de Sanlúcar de Barrameda, que diseñó para la ocasión un exquisito repertorio de marchas procesionales. Al frente de la cuadrilla de cargadores se situaban Roberto Rodrigo y Miguel Iglesias, auxiliados ayer por un veterano capataz, Antonio Santana, que reaparecía martillo en mano para sumarse a este homenaje que la cofradía del Santo Entierro quiso hacer ayer a su historia.

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