Las calles de Triana vivieron una intensa jornada de sábado. Calles engalanadas con colgaduras, banderas, mantones, arcos, luz artificial para recibir el paso de la Divina Pastora de las Almas.

Cinco horas y media de procesión sirvieron para demostrar la devoción de la Virgen mediante petaladas, sevillanas, cohetes, aplausos, vitores y vivas, esto último, de la gran cantidad de público aglutinado delante del paso de la Pastora de Triana.

Con algo de retraso comenzó la procesión por la celebración de una ceremonia matrimonial en la parroquia de Santa Ana. Fueron muchos los momentos más especiales como la tradicional visita a la capilla de la Estrella y de los Marineros o la calle Alfarería, momento del culmen de esta salida. Una calle completamente adornada para renovar un año más, la devoción pastoreña.

Nunca se quedó sola, la meteorología acompañó además de tener bastante afluencia de personas. Nada podía fallar, todo medido y más cuando algo se trabaja con empeño y cariño, con un estilo quizás de una procesión que no es ni mejor ni peor, pero si diferente a las que se viven en la capital.

Abría la banda del Cristo de la Humildad. Cerraba, la banda de la Oliva de Salteras. Javier Díaz Espinosay su equipo de auxiliares, estuvieron al frente de una cuadrilla de costaleros consolidada. 

Triana no descansa, una de sus glorias ha finalizado sus cultos de la mejor manera, ahora se inician, los días señalaitos de cara a un nuevo 12 de octubre, con la patrona de capataces y costaleros, Madre de Dios del Rosario. 

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