Sí, casi sin darnos cuenta un nuevo 15 de agosto ha llegado al barrio más cofrade de la ciudad: La Pastora. Tras el último día del Triduo la plaza de la Pastora se llenaba de devotos de la Virgen y hermanos de la corporación que un año más han querido acompañar en las horas previas del inicio de la jornada festiva de la Santísima Virgen.

Las puertas del templo de la Divina Pastora se abrían a las once menos cuarto de la noche para dar paso a un pequeño cortejo que lo abría la cruz parroquial de la hermandad escoltada por ciriales. Tras estos dos filas de hermanos y hermanas pastoreños portando cirios y rezando el Santo Rosario antecedían a la bandera de la hermandad y la capilla de música. Tras estos el Simpecado de la corporación agosteña -escoltado por faroles- que presidía el cortejo. Tras el mismo el preste acompañado por dos servidores vestido de capuchinos.

Como es tradicional tanto el Simpecado como los faroles que lo acompañan y las antorchas que le anteceden fueron portadas por miembros de la cuadrilla de hermanos costaleros de la hermandad.

El recorrido del rosario de antorchas se varió respecto al tradicional de los últimos años. Se incorporaron calles nuevas como Jesús de la Misericordia, San Rafael o el tramo de Escaño y Maldonado en los últimos compases de este acto de culto externo. Su finalidad era la de llegar sin tanta antelación como ocurría en años pasados al templo pastoreño. Y así fue, minutos antes de la madrugada el cortejo comenzaba a entrar en la iglesia de la Pastora que solo iluminada por las velas del paso y la de algunos de los altares, permanecía en la penumbra acompañada de un rotundo silencio.

Los bancos se fueron completando hasta dejar pequeño el aforo del templo mientras el Simpecado avanzaba hasta el altar mayor de la parroquia. En ese mismo instante, cuando el reloj marcaba la medianoche y la hoja del calendario pasaba a un nuevo 15 de agosto, el templo se iluminaba para recibir la felicitación a la Santísima Virgen.

La misma estuvo precedida por la introducción del sacerdote Juan Antonio Martín Barrera que cedió la palabra a una hermana pastoreña de toda la vida, Ana María Fernández Ruiz.

Fernández Ruiz mostró un texto sin más pretensiones que la de hablarle de tú a tú a la Pastora, de darle las gracias por una vida marcada desde su niñez junto a la advocación pastoreña. Aunque, como recordó en el comienzo de su texto, sus vivencias en las felicitaciones se encuadran cada año en un banco, esta vez los hermanos de la Pastora quisieron que subiera al altar para hacerlo en primera persona.

Y como la felicitación es a la Santísima Virgen colocó el ambón mirando directamente hacia la Pastora que ya lucía sobre su paso con la Corona, los nuevos cayados y las primeras flores en la delantera.

Dio las gracias a la Pastora por su familia, por los jóvenes de la hermandad y pidió por aquellos que no tenían trabajo y por esos mismos jóvenes que en estos días habían exornado las calles del barrio y habían visto culminado un sueño en los nuevos estrenos de orfebrería.

Su intervención no fue la de versos exaltados, ni la de una prosa medida para arrancar los sentimientos más profundos. Fue un diálogo en la cercanía y con un recuerdo obligado, la Coronación Canónica de la Santísima Virgen hace diez años. Y por ello antes de las últimas palabras de felicitación resonó entre los muros pastoreños una parte de la melodía de la marcha "A la Reina del barrio" que hace ahora diez años se terminaba de componer para tal magno acontecimiento.

Con un rotundo ¡Felicidades Pastora! en su final al igual que en el inicio Ana María Fernández propinó vivas a la Virgen en lo que ha sido la antesala de un nuevo 15 de agosto que continuará en unas horas con la Función Principal -a las once de la mañana- y la salida procesional a partir de las siete y media de la tarde.

Ya es 15 de agosto en La Isla, ya es 15 de agosto en el barrio más cofrade de la ciudad. ¡Felicidades Pastora! (ISLAPASIÓN).

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