El próximo viernes se cumplirán diez años de una salida bastante especial para la Hermandad de la Divina Pastora, la última que se realizaría antes de la Coronación Canónica de su Titular.

Aquel 15 de agosto –fue domingo- estuvo marcado por ser una jornada especialmente calurosa que no fue sino el inicio de la definitiva cuenta atrás para el ansiado 1 de noviembre, día en el que se conmemoró el cincuenta aniversario de la parroquia y en el que el obispo diocesano impuso a la titular de esta corporación la presea de oro que hace diez años estaban realizando los talleres sevillanos de orfebrería de los hermanos Delgado.

La Función Principal celebrada por la mañana estuvo oficiada por el fraile capuchino del convento madrileño Guillermo Pablos Escanciano quien predicó igualmente el triduo previo a la salida procesional. La función religiosa estuvo concelebrada además por José Francisco Piñero Serván, párroco por entonces de la Divina Pastora; Alfonso Gutiérrez Estudillo, sacerdote hermano de la hermandad y por José Rodríguez López, vicario parroquial de la Pastora.

En aquella mañana del 15 de agosto la Hermandad de la Misericordia entregaba una simbólica ofrenda a esta corporación de gloria: el escudo de la cofradía con motivo de la inminente Coronación.

A las siete y media de la tarde se abrían las puertas del templo pastoreño que hace diez años –igual que pasará en estos días- lucirá colgaduras celestes y blancas, así como entonces también se pudieron ver los resultados del resanado de la fachada que se realizó en los últimos días del Triduo.

Se realizó el tradicional itinerario en aquella tarde agosteña aunque se vieron algunos detalles con diferencia a años anteriores. El principal la ausencia de la tradicional pamela sobre las sienes de la Santísima Virgen que lució tan solo una mantilla blanca sobre su cabeza, de la misma manera que procesionó la Santísima Virgen del Carmen Coronada en el mismo paso en su camino al atrio del Ayuntamiento para ser coronada.

La estampa recordaba sin duda el final de una sevillana cantillanera que culmina diciendo “Y se desatan las flores / Y se desatan las flores / Y se dirá al mundo entero / Que hay hombre que no llore / Al verte sin el sombrero / Pastora de mis amores”

El público en aquella tarde fue de menos a más hasta llegar a uno de sus puntos más álgidos al paso de la Divina Pastora por el convento de las Madres Capuchinas que volvió a repetirse en el callejón San Miguel, epicentro del nacimiento de la devoción pastoreña en La Isla.

Muchas fueron las marchas que la Banda de Música de la Cruz Roja –que se reencontraba con la Divina Pastora veinte años después- interpretó en aquella tarde-noche tras un paso exornado principalmente con aromáticos nardos y que fue comandado por Antonio Reseco Colón –como pasará dentro de unos días- al frente de su cuadrilla de hermanos costaleros.

Por entonces ISLAPASIÓN contaba solo con tres años de actividad en la red, pero ya entonces mostrábamos las mejores imágenes y los mejores recuerdos audiovisuales a nuestros lectores. Ahora, diez años después os lo acercamos como recuerdo de aquella jornada con fotografías de nuestro querido Andrés Quijano de Benito y cerca de media hora de vídeo. Que lo disfruten. (ISLAPASIÓN).

Galerías: