Estamos de luto. Llámenlo pandemia, llámenlo hastío, llámenlo desesperación, llámenlo como quieran, pero de luto. Y nuestras miradas, también de luto, hallan, quienes buscan su consuelo, el luto en nuestros amores callados en los altares.

Luto en La Isla. Luto de saya y sayo. Luto más luto que nunca y nunca más luto que ahora, justo ahora, que hay más sombras que luces. Nunca una realidad se vio mejor reflejada que en la estampa quieta de nuestras devociones. Nunca el carnaval de la muerte, muy a nuestro pesar, tuvo tan poca gracia como este año y nunca la conciencia de lo perdido fue tan necesaria. Poco hay que celebrar este Día de los Difuntos y sí mucho que recapacitar.

De la Casería a la Oliva, del Carmen al Cristo Viejo, negras sayas que surgen como recuerdos del pasado y aviso de lo presente. La Soledad, el Mayor Dolor, las Penas, las Lágrimas, la Amargura, las Angustias…, son el reflejo y la Caridad, la Piedad, el Amor, el Buen Fin, la Esperanza, la Alegría, ¡la Salud!, el deseo. Es la realidad que muchos han ignorado mientras bailaban ufanos haciéndole fiesta a la Muerte. Y está bien no temerla, y está bien respetarla.

Luto en La Isla. Entre los muros de las iglesias, sayas negras y negros sayos que rinden respeto por los muertos. Por los que hace tiempo que se fueron y por los que se han ido a destiempo.