Cuando un nuevo 16 de julio amanece y una vez más volvía a soplar el viento de levante, los isleños celebramos la festividad de nuestra Patrona, aquella imagen que es objeto de devoción de tantos y tantos de nosotros que le rezamos, oramos, rogamos y damos gracias a Dios a través de su intercesión. Pero también es un día en el que en cada familia uno tiene anotado un buen número de contactos a los que felicitar por el día de su onomástica. Y la familia cofrade no podía ser menos, pues Islapasión vuelve a cumplir años y, como los buenos vinos, con los años el producto que se ofrece mejora; o lo que es lo mismo profesionalidad, rigurosidad y sacrificio personal puesto al servicio de la ciudadanía.

Pero lo que me ha impulsado a escribir esta nueva columna cuando ya el fajín de esparto está guardado y oculto entre toallas de playa y bermudas no es la felicitación a los responsables de este medio de comunicación, ni la festividad del Carmen, que bien podía tener más de una al ver como de nuevo nuestra Patrona se vuelve a quedar en su iglesia conventual cuando hay procesiones de alabanzas por toda la geografía nacional. Lo que me ha impulsado a escribir son esas tertulias que los cofrades solemos tener durante estos meses donde la actividad cofradiera mengua.

Al frescor de la noche, alrededor de un vaso con hielo y otros placeres líquidos, con vistas a la bahía, a la iglesia donde se encuentran el centro de tus devociones o simplemente con vistas a la casa de enfrente, en estas tertulias la temática suele ser de lo más variopinta… como la de anoche en la que el “decretazo” enviado desde palacio, el futuro de la carrera oficial, el “nuevo” Consejo, o la “crisis” de la Banda Municipal se entremezclaron con los típicos y manidos temas sobre carga, música, enseres o el recurrente “en tal cofradía si yo estuviera en la junta yo haría…”. Si con palabras se arreglaran las cosas, todo sería tan fácil… Lo dicho un perfecto rebujito con mucho hielo como los que de aquí al domingo tendremos que probar en estos días de feria.

Y como la tertulia no se alargó lo suficiente, pues aprovecho este medio para seguir hablando de algunos de esos temas

-  El futuro de la carrera oficial:

Cuando no hay noticias, Islapasion las busca. Y así fue la semana pasada. Entrevista a un ciudadano que se hizo político por el tranvía. O mejor dicho porque éste pasaba por la C/ Real. Al hilo de esa entrevista recuerdo los rumores ¿infundados? del traslado de la carrera oficial porque bien saben ustedes que la Junta,  Adif o quién finalmente se haga cargo del tranvía no cortará el traslado de turistas desde Chiclana a Cádiz o viceversa durante la Semana Santa. Así que hay que buscar opciones y, cuan sambódromo, en los mentideros se dice, se comente, se rumorea que la zona elegida sería la cuesta de la c/ Arenal desde el monumento a las Marinas hasta la zona alta del Parque. ¡Precioso, quedaría todo ello muy recogido! Lo único bueno que le veo es que Banian - Islapasion podría grabar todos los cortejos con amplias perspectivas desde la casa de un cofrade de altura… Y ahora las preguntas, ¿se podría plantear alguna cofradía la posibilidad de descartar su paso por la carrera oficial? Con tal de renunciar al dinero proveniente de ésta, nada sería descartable. ¿Hay algún otro lugar donde se mantengan las estructuras de palcos y no se tenga que recurrir a una mera calle con dos filas de sillas en cada acera?   

-  El “decretazo” de Juan Enrique Sánchez:

Otra entrevista de Islapasion en la que se venía venir los nuevos aires que el nuevo delegado episcopal iba a darle. En unos meses verán como comienza a gestarse un nuevo marco estatutario base para las HH y CC de la Diócesis y ahora, con el decreto publicado en esta semana, se pone coto a ciertas inversiones patrimoniales. Lo que viene a decir es que cualquier proyecto superior a 32 mil euros promovido por una hermandad no será autorizado, rebajándose la cifra hasta los 13 mil euros en el caso de que provenga de una donación. Todo ello se argumenta en el contexto de crisis económica y social que se está viviendo actualmente en el que la Iglesia diocesana no quiere ver manchada su imagen con críticas que provengan a raíz de nuevas adquisiciones de enseres.

Las hermandades no han sabido nunca y tampoco saben actualmente venderse. No estamos para ello, pero en la sociedad actual si no proyectas tu imagen a la sociedad estás perdido. Es así de triste, pero así de real. Por tanto, hay que cambiar el estilo, seguir haciendo las mismas campañas sociales, aumentar el gasto y la ayuda caritativa para aumentar la gran labor que las hermandades y cofradías –como colectivo laico que somos- hace a favor del necesitado.

Pero que nadie se olvide nadie de la “industria cofrade”. La ejecución de un paso bien puede superar los 30 mil € pero que se pagará en 10 o 15 años y de ese proyecto vivirán muchas familias. El que extrae la materia prima, el que la comercializa, el carpintero que hace los primeros trabajos, el que la talla, el que la barniza o la dora, el que le incluye los apliques de orfebrería, el que lo mantiene, etc… Y sólo he puesto un ejemplo, pero bien podría hacerse lo mismo con los talleres de bordados, imaginería, etc… Pues todos ellos pueden ver mermados sus ingresos si este decreto comienza a aplicarse a raja tabla, pues aunque un proyecto de este tipo se ejecute a plazos, el proyecto lo valorarán desde palacio al comienzo con todo el montante económico y muchos de ellos superan esas cifras.

Estas nuevas adquisiciones patrimoniales no sólo se conciben para dar mayor realce a los Titulares de esas corporaciones –y en definitiva a Dios- sino que redundan en la generación de riqueza económica y dan sustento a muchas familias. En momentos en los que la situación económica es la que es, las Hermandades y Cofradías son responsables gracias a sus actividades de mantener puestos de trabajos y por tanto creo que se cometería un error si este decreto se lleva a la práctica. Sinceramente, pienso que la solución no pasa por prohibir sino por buscar otras fórmulas que pueden venir –por  ejemplo- de la necesidad de acompañar esos proyectos con compromisos claros y taxativos de aumentar en un porcentaje a determinar en función del proyecto y de la capacidad de cada corporación su labor asistencial y de ayuda caritativa y social. Pero nunca ayudemos al necesitado quitándole el pan al prójimo.