Hoy, 26 de junio, se cumplen 10 años de uno de los días más importantes en la historia de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Uno de los días más importantes en sus más de dos siglos y medio de historia, una fecha, aquel 26 de junio de 2010, grabada a fuego en los corazones nazarenos.

Y es que no era para menos. 15 años habían esperado los hermanos de la madrugada del Viernes Santo, y muchos isleños, para que se rubricara con un nombramiento lo que era una afirmación sin ambages en el ideario cañaílla. Era el día en el que San Fernando entero proclamaba a Jesús Nazareno como Regidor Perpetuo, como el alcalde por siempre y para siempre de los cañaíllas, el día del Regidor, el día de una Isla nazarena volcada tras El que lleva la cruz a cuestas de las penurias de un pueblo, que es ciudad, pero que seguirá siendo por siempre nazareno.

Un día tras el pregón de Antonio Alías, el anuncio en prosa y verso en la jornada del 25 de junio, una jornada que comenzaba en la Iglesia Mayor conformándose el cortejo que salía con la luz de la tarde para seguir por García de la Herrán y Las Cortes hasta la Plaza del Rey.

Allí, tres golpes de llamador resonaron en El 44 al filo de las nueve de la noche. Recios, sordos. Jesús Nazareno hacía su entrada en la plaza del Rey. Y la multitud, expectante, aguardaba en silencio. "Ven, Jesús, ven con nosotros, pero ven despacito, no tengas bulla", pedía desde el atrio del Ayuntamiento Manolo Casal, que hacía de mantenedor.

Incontenibles, los aplausos, las ovaciones y los vítores llegaron. Estallaron cuando el Nazareno, a los sones de su marcha, enfiló la empinada rampa que le condujo hasta el atrio del Palacio Consistorial, La Isla entera en un suspiro viendo aquella subida. Ojos vidriosos en los hermanos nazarenos, un quieto en mitad de la rampa que rompió en ovación como las mejores tardes en un coso taurino.

Allí, arriba, en el mismo lugar que la Patrona había recibido las mayores distinciones, giró la otra gran devoción de La Isla para mirar a su pueblo, a su Isla, desde arriba, como cada día del año desde su altar. Era el mayor altar que La Isla podía regalarle. Comenzaba así una prometedora e intensa velada. Una noche única e irrepetible. La noche en la que el Nazareno se convirtió en el Regidor Perpetuo de San Fernando.

"Hoy, Jesús, te vamos a devolver todo lo que nos has dado", apuntaba Manolo Casal, que como hermano de la cofradía, ejerció de conductor de un acto realmente excepcional.

¿Podría entenderse La Isla, a La Isla de siempre, sin su Nazareno? Como la calle Real, como el puente Zuazo, La Casería o el Zaporito, la popular y venerada imagen de la Iglesia Mayor forma parte de la ciudad, de su historia e idiosincracia, de su tradición, de sus señas de identidad. Aquella noche se recordó -y se demostró- en la plaza del Rey.

La relación de La Isla con el Nazareno es casi un fenómeno sociológico que trasciende las fronteras de lo religioso para identificarse plenamente desde hace siglos con el sentir y sufrir de la gente cotidiana, con los isleños que a diario ven sus problemas simbolizados en el peso de la cruz que -humilde y resignado, pero también firme- soporta la imagen de Nuestro Padre Jesús mientras avanza en su camino. Y en aquel 26 de junio el Ayuntamiento quiso dar forma de distinción a ese vínculo. Se recordó ese vínculo al aludir al trasiego continuo de fieles que a diario pasan por su altar, a su presencia constante en la vida de la ciudad, a la inmensa multitud que acompaña a esta imagen cada vez que asoma a la calle y no sólo en su mítica Noche del Nazareno, la madrugada del Viernes Santo.

Así se entiende un acto como el de aquel 26 de junio, en el que esta venerada imagen, bien entrado el siglo XXI, recibiera un título nada habitual y más bien propio de otros tiempos por parte de la Corporación Municipal isleña: el de Regidor Perpetuo de la Ciudad. Y que lo hiciera por unanimidad de todos los grupos políticos. Y que, como era de esperar, el acto -el Nazareno, en realidad- arrastrara consigo a miles de personas a la calle hasta altas horas de la madrugada.

Que el alcalde depositara a los pies de la antigua imagen el bastón de mando y prendiera en su túnica el escudo de la ciudad fue un gesto simbólico que pretendió el merecido reconocimiento de La Isla hacia su Jesús Nazareno. Quizá la fórmula protocolaria era lo de menos, aunque la hermandad vio por fin cumplido el sueño que soñó hace 15 años. Lo importante fue el reconocimiento oficial del pueblo isleño, representado en su Corporación Municipal y en su alcalde, hacia esta imagen que constituye una de sus mayores señas de identidad.

Un reconocimiento que llegó en forma de ceremonia cívica -que curiosamente recordó en sus maneras, y mucho, a las coronaciones canónicas celebradas en la ciudad- y que, en lugar de obispo, tuvo por oficiante al alcalde de San Fernando. Porque -eso sí- no fue la Iglesia la que distinguió a esta imagen religiosa con un nuevo título. Fue La Isla la que lo proclamó su regidor para siempre, por los siglos de los siglos.

Fue un camino largo el recorrido desde el mítico baúl aparecido en el histórico Mesón del Duque, en el que según la leyenda popular fue hallada la imagen del Nazareno. Desde que el gremio de los montañeses fundara la primitiva hermandad hasta el pregón que Antonio Alías pronunció en la noche anterior en la Iglesia Mayor. Hasta la ceremonia de aquel 26 de junio, en la plaza del Rey.

Una larga trayectoria en la que el Nazareno, de manera irremediable, se ha fundido con la historia de La Isla, que es la historia de sus devotos. Así lo recordaron todos los que intervinieron en un acto en el que la música -a través de la banda de música de la cofradía- tuvo también un protagonismo especial. Se estrenó la marcha La leyenda del Viejo, de Juan J. Castellano. Y la cantante India Martínez puso la voz a un Padrenuestro de tintes flamencos que llegó al alma de todos los presentes.

José Moreno Fraile, uno de los promotores de la distinción; Marco Antonio Serván, hermano mayor de la cofradía; el obispo diocesano, Antonio Ceballos; y hasta el alcalde, Manuel de Bernardo, recordaron cómo La Isla siente a su Nazareno y se refleja en él.

Moreno Fraile aludió en aquel acto a las palabras del padre Mera sobre el denominado milagro del Nazareno de los años 70. "Creo en el milagro del Nazareno de la Isla, que ha sido movilizar a una muchedumbre de creyentes, que aunque no frecuenten demasiado o nada la iglesia, llevan en lo más íntimo de su ser la creencia y la fe en aquel Jesús Nazareno". No pudo haber cita más acertada para en una noche como la que se vivió junto a Jesús Nazareno.

Y el alcalde, al final de la ceremonia cívica, dedicó a la imagen una particular oración en la que pidió al Nazareno protección para sus isleños: "Porque eternamente eres y serás nuestro mejor regidor", concluyó.

Y desde el atrio del ayuntamiento hasta la Iglesia Mayor en una procesión de agradecimiento, de horas de marchas y piropos a su paso. Aquel, ya 27 de junio, en el que Jesús Nazareno volvía a su casa, para ser, por los siglos de los siglos, el Regidor Perpetuo de San Fernando. (ISLAPASIÓN).


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