Alrededor de 300 personas asistieron a la celebración del Corpus Christi en la Catedral de Cádiz en un año que será recordado por las medidas de seguridad adoptadas por la crisis socio-sanitaria por la pandemia del COVID-19. Gel hidroalcohólico y toma de temperatura en la puerta de acceso al templo, personas con mascarillas, separadas en los bancos por una distancia de metro y medio… asistieron al Solemne Pontifical, presidido por el Sr. Obispo, Mons. Rafael Zornoza Boy.

Además de los fieles que asistieron, hubo representación de autoridades, sacerdotes y religiosos, Secretariado de Hermandades, Consejo de Hermandades, hermanos mayores, algunos estamentos e instituciones laicas y colegios religiosos.

Durante la ceremonia, Mons. Rafael Zornoza afirmó que “la Eucaristía encierra el cuerpo de Cristo, es decir, la vida entera del Señor, su realidad. Jesús mismo, con cuanto vive y siente, se convierte en nuestro alimento. Por ello, es necesario que cada uno de nosotros viva por Él. Comiendo la Eucaristía no sólo alimentamos nuestra alma, sino que formamos un solo cuerpo con Cristo. En la Eucaristía nos responde el Señor porque Jesucristo es el único que puede dar respuesta a los grandes problemas de nuestro mundo”.

En este día en el que también se celebra el Día de la Caridad, el obispo diocesano afirmó que “la participación en la Eucaristía debe hacernos testigos de la compasión de Dios. En ella nos unimos a Cristo y con todos los hermanos que nos rodean. El don del amor de Dios nos vincula fuertemente y nos exige estar cerca unos de otros, especialmente de los necesitados”. En este sentido, Mons. Zornoza destacó la labor de la Iglesia durante la pandemia. “La Iglesia ha puesto sus recursos al servicio de los demás y ha sabido adaptarse en cada momento, también en esta situación de pandemia, haciéndose signo de esperanza y solidaridad. La Iglesia a través de Cáritas atendió el pasado año a ocho millones de personas, pero no hay que olvidar a ese centenar de sacerdotes que han dado la vida cuidando a los enfermos y a los infectados, al igual que otros tantos religiosos, religiosas y laicos que lo han hecho con sencillez, anonimato y generosidad. La caridad se encuentra unida al sacrificio y a la entrega de la vida porque es amor verdadero”.

El prelado agradeció a toda la diócesis los muchos esfuerzos que están haciendo por los necesitados a través de Cáritas, sus voluntarios y trabajadores, las cofradías y a todas aquellas asociaciones que están cerca de estas personas.

En cuanto a esta celebración atípica del Corpus, el obispo de Cádiz y Ceuta, manifestó que “aunque este año no se engalanen las calles, no debemos conformarnos con bendecir la ciudad desde la puerta de la Catedral. Al Señor le encanta estar en la calle, entrar en las casas, hablar con la gente… aunque no se adorne la ciudad, ni vibre al paso de la procesión como en otros años, nuestro pueblo ha de seguir siendo un templo vivo que acoja en el corazón los destellos de plata de nuestra custodia. En esta ocasión el Señor nos invita a superarnos, a hacer un más difícil todavía. El Señor nos compromete a ser custodias ambulantes, sagrarios vivos, portadores y portavoces del hijo de Dios hecho hombre, presente en la Eucaristía”.

Así, tras la misa, y ante las medidas adoptadas en la desescalada del coronavirus, no hubo ningún culto público en las calles de Cádiz. En su lugar, se celebró una Procesión Claustral con el Santísimo en la Custodia de Ana de Viya. Durante la misma, las personas participantes no llevaron cirios, varas, ni insignias de hermandades, para cumplir con las recomendaciones sanitarias.

En el transcurso de la Procesión Claustral, Mons. Zornoza impartió la bendición hacia el exterior de la Catedral, desde la puerta principal del templo.


Galerías: