Una hora antes del inicio del acto ya la puerta de la Sagrada Familia acogía a un buen número de rocieros isleños. Ayer podía ser como el rezo del Santo Rosario en la primera noche de camino, en Piletas.

El Simpecado alumbrado por las velas presidía el altar del templo de la Bazán. La bóveda blanca era como una gran carreta en la que se acogía a todos los rocieros. Y el marmóleo suelo reflejaba las luces en mitad de la noche como lo hace la desembocadura del Guadalquivir en esa noche del lunes. 

Con todas las medidas de seguridad, con todo el aparataje necesario para la ocasión debido al coronavirus, los rocieros iban ocupando los lugares en el templo hasta que quince minutos antes del inicio se cerraban las puertas del templo al completarse el aforo.

Con un templo apagado completamente y solo la iluminación de velas bajo el Simpecado y las que alumbran los distintos altares se realizó el rezo del Santo Rosario. Y como decíamos, como esas noches de camino. Entre los misterios se intercalan sevillanas. Y se hacen peticiones. 

Momentos duros, muy duros, para los rocieros isleños que veían como se acababa aquí el Rocío del 2020. Como dijo su Hermana Mayor días antes de comenzar la semana más destacada en el calendario rociero: "No habrá Romería, pero siempre habrá Rocío". (ISLAPASIÓN).

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