No, en estos momentos no se estarán cerrando los tres templos de San Fernando que deberían acoger mañana las tres primeras salidas procesionales, no... pero es Domingo de Ramos.

No, el olor de las flores no inunda las estancias ni la cera está colocada en los casquillos de las candelerías y tampoco los Titulares están en sus pasos atrayendo las miradas... pero es Domingo de Ramos.

No, no estarán las primeras túnicas planchadas esperando a revestir a pequeños y mayores en la primera de las jornadas de la Semana Santa... pero es Domingo de Ramos.

No, las palmas y las ramas de olivo no estarán esperando a que mañana nos acompañen en una eucaristía con la que da comienzo todo lo que habíamos anhelado desde hace que el Resucitado volvía a regresar a su templo... pero es Domingo de Ramos.

No, no estaremos haciendo un planning de los sitios en los que veremos a cada hermandad en tan solo unas horas... pero es Domingo de Ramos.

No, tampoco las almohadas estarán amarradas a los palos, ni estrenaremos una mañana en la que miraremos el cielo tras despertarnos. No tendremos nada de esto pero en nosotros mismos, en nuestras casas, desde el lugar en el que estés, desde que las manecillas del reloj han apuntado las doce de la noche, ya es Domingo de Ramos.

Siempre será Domingo de Ramos si cuando lo marca el calendario, con o sin pasos, con o sin tantas otras cosas, tú, al leer esto, has vuelto a ilusionarte como un hebreo más de los que mañana deberían anunciar la llegada de Cristo. 

Ya es Domingo de Ramos. Feliz Domingo de Ramos.