Miguel Ángel Fernández Cosme de "Fernández Cosme Abogados" nos acerca sobre la situación a la que se enfrentan las hermandades y cofradías con respecto a los contratos que tenían suscritos para la próxima Semana Santa que se ha cancelado.

Una de las principales dudas que se han generado estos días en el mundo cofrade es qué hacer con los contratos suscritos entre Cofradías y bandas de música, floristerías, cererías, etc. En resumen, con la contratación de todo aquello que es consustancial al desfile procesional, ahora que la celebración de la Semana Santa ha quedado definitivamente cancelada.

Existe, nos asegura Miguel Ángel Fernández Cosme, un principio básico en Derecho: pacta sunt servanda (“los pactos se han de cumplir”). Sin embargo, este principio tiene sus matizaciones, obviamente.

De una parte, está el caso fortuito y la fuerza mayor. Para su aplicación, la jurisprudencia entiende que ha de tratarse de circunstancias que fueran totalmente imprevisibles en el momento de la contratación y que impidan por sí mismas la prestación. Sería el caso.

También existe una doctrina jurisprudencial que es la de la cláusula rebus sic stantibus (“estando igual las cosas”). La misma significa que si esas “cosas” no siguen igual, y el cambio es totalmente imprevisible, las obligaciones pueden modificacarse o extinguirse. Pese a que su aplicación es restrictiva, entendemos que, en el presente supuesto, su aplicación sería también clara.

No obstante, antes de continuar, es imprescindible dejar claro -nos asegura el abogado- que el propio contrato puede tener previsiones respecto de consecuencias que tiene el hecho de que se presenten contingencias que impidan el desarrollo normal del mismo. Muy habituales en caso de cancelación de la salida procesional, por ejemplo, por lluvia.

A ello nos habríamos de atener, claro, pero sin perder de vista, de un lado, lo dicho hasta ahora, la propia dimensión del hecho de la pandemia por coronavirus, las medidas adoptadas por las autoridades y que, en resumen, no es algo decidido voluntariamente por las hermandades. Ya no lo es. En cualquier caso, se impone un examen detallado de las cláusulas del contrato.

Todo ello, se traduce en que la cofradía no tiene porque asumir, necesariamente, las consecuencias negativas de toda esta situación. O, al menos, no todas.

Además, aquí hay que tener en cuenta que no existe el denominado coste por pérdida de oportunidad. Por ejemplo, a consecuencia de la cancelación de la Semana Santa, la banda de música no ha perdido la posibilidad de ser contratada en otro lugar, porque sus componentes tienen prohibido, legalmente, reunirse para tocar.

De cualquier modo, apelando a la buena fe que debe presidir el actuar de cualquier contratante y que, en esta particular circunstancia, es indiscutible. Y, sobre todo, teniendo en cuenta que todas las partes pueden esgrimir argumentos sostenibles, lo más recomendable es intentar negociar una salida pactada a esta situación, que evite pleitos costosos, dilatados en el tiempo y de incierto resultado, toda vez que pasará tiempo hasta que los tribunales fijen un criterio claro de como resolver estos casos.