La de 2020 no será la única Semana Santa que no se haya celebrado en San Fernando. Durante la historia han sido varias las ocasiones en las que las hermandades y cofradías no pudieron realizar sus salidas procesionales. 

Para ello acudimos a nuestro historiador de cabecera, la persona que más ha estudiado la historia de las hermandades y cofradías de San Fernando: Fernando Mósig Pérez.

Mósig desgrana la ausencia de Semana Santa agrupándola por tres causas principales: políticas, bélicas y sanitarias. Veamos algo más sobre estas circunstancias que dejaron a San Fernando sin Semana Santa.

Políticas. Por ejemplo, las procesiones fueron prohibidas durante el Trienio Liberal (1820-1823), durante la I República (1873-1874) y, si no expresamente prohibidas, sí desaconsejadas durante la II República (1931-1936). En este tercer caso, la última Semana Santa de la época de Alfonso XIII fue la de 1931; poco después de que se celebrara, se proclamó la República el 14 de abril, no salió ninguna entre los años 1932-1934 (con la excepción de la Virgen del Carmen en 1934, en una procesión apoteósica), en 1935 se atrevieron a salir Vera Cruz y Nazareno (esta sin penitentes y acortando mucho su itinerario, por temor a altercados); y en 1936, con la victoria del Frente Popular en febrero y la quema de iglesias en otras ciudades españolas, volvieron a dejar de salir.

Bélicas. No hubo procesiones en la Real Isla de León durante el asedio del ejército napoleónico (1810-1812), es decir mientras los constituyentes gestaban y parían "La Pepa". En cambio, la Guerra Civil no afectó a la Semana Santa isleña, pues aunque no habían salido en 1936, en 1937 sí lo hicieron (no todas por razones diversas, al menos sí Vera Cruz, Nazareno y Soledad), pues el alzamiento nacional triunfó en San Fernando desde el principio en julio de 1936 y se restableció en seguida la legislación en materia religiosa anterior a la República.

Sanitarias. La epidemia de fiebre amarilla de 1800, que conduciría al Voto a San José, brotó ya después de la Semana Santa de ese año, luego las cofradías que pudieron, salieron entonces; pero en 1801 no lo hicieron pues, aunque la epidemia ya estaba erradicada, las consecuencias demográficas y económicas de la misma impidieron el normal desenvolvimiento de las hermandades. 

Hubo un rebrote de fiebre amarilla en 1819, y epidemias de cólera en 1833-34 y 1854 (esta segunda bastante virulenta) que impidieron también algunos desfiles procesionales.

En el siglo XIX la Semana Santa isleña se reducía a Nazareno, Expiración, Soledad y Santo Entierro (ni siquiera Vera Cruz, pues no se refundó hasta 1891). Durante epidemias posteriores, ya en el siglo XX, no hubo sin embargo suspensión de las salidas procesionales. Lo que sí motivaban estas epidemias eran procesiones extraordinarias de rogativas, como las de 1800 (con el Nazareno y la Virgen de la Salud) y, más recientemente, una epidemia breve durante la posguerra que originó una procesión de rogativas con el Nazareno hasta la iglesia del Carmen en 1943.

A esto se puede añadir los años en que alguna cofradía concreta (aunque no las demás) suspendió su salida procesional por razones estrictamente económicas de falta de fondos suficientes (esto fue muy frecuente a fines del XIX y principios del XX; y ya en época más cercana Columna se vio obligada a ello dos veces nada menos, bastante seguidas, en la década de 1960).