Treinta años después de su última salida extraordinaria, Expiración de Cádiz volvía a ser protagonista en las calles en el día de la festividad de la Asunción en una jornada marcada para la historia de la corporación del Viernes Santo.

Y es que precisamente se trataba de recordar y ensalzar la evolución de la cofradía y dar gracias por tantos años de fervor hacia sus titulares, el Santísimo Cristo de la Expiración y María Santísima de la Victoria. Una devoción que inició María Teresa de la Cruz en 1926 y que años más tarde, en 1944, dio origen a la fundación de la corporación. En 1954 el cuerpo de la Guardia Civil era nombrado hermano mayor honorario y esa unión, esa vinculación con la benemérita es una de las señas de identidad de la hermandad.

Esos comienzos se desarrollaron en la iglesia de San Lorenzo y es por ello que este pasado jueves Expiración salía del templo de la calle Sagasta que le vio nacer. Allí se vivía un día especial, cargado de emoción.

Por la mañana se celebraba el pontifical presidido por el arzobispo castrense Juan del Río que entregaba a la corporación la corbata Cruz Fidelitas por los méritos y la colaboración con el arzobispado castrense. 

Por la tarde, la iglesia se llenaba de nuevo. Con entusiasmo e inevitables nervios por la trascendencia del momento, los hermanos de Expiración se preparaban para la esperada procesión extraordinaria. 

El paso del Señor lucía espléndido. Esta vez el Santísimo Cristo de la Expiración iba acompañado por la Virgen de la Victoria y San Juan. Sedo gracias al trabajo de la hermandad. Y se hacía realidad además una idea que ya hace años la hermana mayor de la corporación, Elisa Montero, había hablado con su padre, Manuel, cuando él fue máximo responsable de Expiración. Porque en esta salida procesional extraordinaria afloraban muchos sentimientos y se tenía un especial recuerdo hacia todos aquellos hermanos que faltan y que formaron parte de estos setenta y cinco años historia.

El sol brillaba y el calor cumplía con su cometido en este día de agosto cuando en la calle Sagasta, engalanada por los jóvenes de la hermandad, ya se palpaba la expectación que generaba esta procesión extraordinaria. En San Lorenzo se organizaba un cortejo solemne y muy cuidado que abrían los hermanos más pequeños. Estaban representantes de Infantería de Marina, Ejército de Tierra y en la presidencia el coronel de la Guardia Civil, Alfonso Rodríguez del Castillo. En representación de la Policía Nacional, la inspectora Alicia Gómez y Andrés Bragado. También compartía este momento el presidente del Consejo Local de Hermandades de Cádiz, Juan Carlos Jurado, además de hermandades y asociaciones de la Castrense (templo donde tiene su sede la cofradía) y representantes de distintas corporaciones gaditanas. El párroco de San Lorenzo, Jesús García Cornejo, el director espiritual de Expiración, el padre César Sarmiento y el vicario parroquial castrense, Rafael Vivar se unían a la celebración de este aniversario.

Con todo listo y tras las últimas indicaciones, se abrían las puertas del templo. Tras las filas de hermanos, más próximos al paso, se encontraban antiguos hermanos mayores de la cofradía: Vicente Rodríguez, Joaquín Díaz y Manuel Fernández.

El misterio se aproximaba a la salida con las instrucciones de los dos capataces. Juan Manuel Díaz y José Antonio Moreno dirigían a los suyos para una maniobra que se presentaba complicada. Se colocaban las guías cedidas por Las Penas para salvar los tres escalones de acceso a la parroquia y el paso salía a ruedas, despacio y gracias a la destreza de los cargadores, ante la atenta mirada de todos los allí presentes.

Una vez fuera, sonaba el himno nacional y mientras se procedía a elevar la cruz y dar los retoques finales. El exorno floral destacaba por su buen gusto. Alium, anthurium, rosas cool water, lisianthu, anastasia, hipericum y liatris en tonos morados, granate y rosa completaban la imagen.

Ya estaba en la calle. Escoltado como es habitual por cinco guardias civiles, el paso comenzaba su caminar por el casco antiguo de Cádiz con los sones de la agrupación musical Lágrimas de Dolores, de San Fernando que interpretaba en primer lugar ‘La esencia de un barrio’. Después sonaría ‘Creo en Jesús’. Y posteriormente, ante la Castrense, se estrenaba para esta especial ocasión ‘Y expiró entre lágrimas’.

Las dos cuadrillas se turnarían para cargar el paso a lo largo de un recorrido también histórico a la vez que extenso. Porque su salida, de casi ocho horas, tenía un primer destino que era la Real Parroquia Castrense, su casa, su templo en el que ya se han reanudado las obras y al que parece que ahora sí están más cerca de volver la corporación. Después iría hasta la iglesia de San Antonioya que también en este templo estuvo Expiración de forma provisional mientras que se adaptaba la puerta de la parroquia del Santo Ángel. Y no podía conmemorar su historia sin olvidar el origen de su devoción por lo que la procesión siguió hasta la finca número 18 de la calle Cervantes, donde vivía María Teresa de la Cruz y ahora residen sus nietas que son las hermanas más antiguas de la nómina de Expiración. A partir de ahí quedaba regresar a San Lorenzo ya de madrugada.

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