Minutos antes de las once de la noche se abrían las puertas de la Iglesia de la Divina Pastora para que el cortejo formado por los hermanos de la corporación de gloria de la parroquia comenzaran el discurrir por el itinerario marcado por las calles de la feligresía en rosario de antorchas.

En este anual acto de culto público previo al 15 de agosto fueron muchos los hermanos que participaron y en el que, como también es costumbre en los últimos años, ningún sacerdote acompañó tras el Simpecado ni en la presidencia.

Con el rezo de sus hermanos y el acompañamiento musical de un trío de capilla el cortejo fue recorriendo las calles del barrio engalanadas para una nueva salida procesional de la Santísima Virgen.

Minutos antes de la medianoche entraba el cortejo en el templo pastoreño que permanecía apagado por completo salvo la luz natural de los distintos altares y las velas que iluminarán el paso de la Divina Pastora. Era el momento de comenzar la felicitación a la Santísima Virgen que en este año corría a cargo del hermano pastoreño Tomás San Laureano Romero.

En su disertación, como una rotunda acción de gracias, Tomás San Laureano quiso hablar cara a cara a la Santísima Virgen y agradecerle tantas peticiones de quien se confesó un agraciado con el "Óscar de los pastoreños" al tener a su cargo esta felicitación. El exaltador habló de momentos buenos, muchos, y otros tantos difíciles que siempre -tanto unos como otros- había puesto en las manos de la Virgen.

El canto de la Salve Pastoreña así como los vivas a la Virgen pusieron el punto y final del acto pero el punto y seguido de un nuevo 15 de agosto junto a la Divina Pastora. (ISLAPASIÓN).

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