Pasó el 16 de julio. Pasó la jornada que da sentido a las fiestas de San Fernando, la que reúne en el epicentro devocional de la Virgen del Carmen todo el amor a la Santísima Virgen. El 16 de julio del eclipse lunar. Aunque en La Isla este eclipse únicamente puede llamarse Carmen.

Y es que en 24 horas en las que se concentran todos los momentos: desde los más íntimos a las explosiones de fe popular junto a la Patrona de la Ciudad y de la Armada.

Desde el Ángelus cuando el reloj marca las doce en punto en el Carmen, pasando por la felicitación, la Función, la decoración de las calles, el templo vacío y la Virgen en el paso... hasta su procesión.

Y es que bastantes minutos antes de las ocho de la tarde las chaquetas -parece que no cuajó aquello de los chaqués y las mantillas- ya revoloteaban por los pasillos del claustro carmelitano. Los hermanos del Carmen preparaban todo para una nueva salida con todos los habíos necesarios.

Llegaban las representaciones al templo carmelitano -marcada ausencia de la carmelitana Hermandad de la Misericordia- mientras se encendían las velas del paso. Se abrieron las puertas y desde el primer momento se notaba una cierta inquietud: la rapidez en los primeros metros.

Antes que el paso cruzara el dintel del templo, antes de los primeros aplausos, sonaron las primeras notas por parte de la Banda de Música de la ACM Agripino Lozano desde el exterior mientras que en el interior el paso andaba sobre el mármol y en la megafonía se escuchaban los versos de Pemán, aquellos que dedicara a los cargadores de la Virgen del Carmen. Todo un momento íntimo y emotivo que se repite cada año y que sirve para poner en carrera el paso y los sentimientos.

La Virgen se alzó para salir al encuentro de su pueblo. El calor de la tarde no dejó vacías las aceras y el público acudió a la cita, como siempre. Sonó el Himno Nacional y las primeras marchas mientras el cortejo se encaminaba calle Real adelante. 

Un camino -el de ida hacia la Alameda- que se marcó con un ritmo bastante más acelerado de lo habitual. Y es que había prisa, pero no de la hermandad. Aún así la cuadrilla comandada por Pepe "Mellao" supo estar a la altura y marcó el paso que tan bien aprendido tienen y que quizás no fuese de esta manera en los traslados del Corpus.  

El cortejo -en el que figuraban representaciones de hermandades, salineras del 2019, Consejo de Hermandades y representación de la Armada y el Ayuntamiento- quedó reducido en la Alameda tras la despedida de las máximas autoridades tras la levantá del paso a cargo de la alcaldesa, Patricia Cavada. El Hermano Mayor le pidió a la Virgen por los próximos cuatro años al frente del consistorio isleño.

Y entonces volvió el ritmo normal. El ritmo de siempre aunque apresurado a veces. El de la Virgen y su gente. El paso por la Alameda de vuelta fue el presagio de lo que vendría luego. Desde este punto la presencia de público bajó notablemente y es que entre el horario de cenas y la asistencia al último día de Feria se nota cuando la Virgen comienza el camino de regreso. 

Una vez la Virgen del Carmen deja la calle Real atrás y se encamina por la calle Comedias -Lope de Vega- todo es distinto. Se suceden los vivas, las marchas escogidas son más populosas y en ocasiones la Virgen se mece de manera especial. No es el entorno más bello pero sí el que configuran las casas de los que viven en su barrio y le rezan a diario. Es quizás el mejor marco posible.

En San Bruno, Olivarillo y Santa Gertrudis siguieron las marchas y los mecíos más cortos aunque con la vista puesta en la última, la más cercana, de las calles que llevan a su templo: la calle que lleva su nombre, Carmen. En esta parte del recorrido quizás algo más frío que en años anteriores. Falta un poco más para esa procesión populosa propia de las Patronas de municipios de nuestra provincia.

Y es que minutos antes de llegar a esta arteria del barrio del Carmen ya las aceras agolpaban a un público que dejaba abierto el paso para que fuera la Virgen la que pisara sobre las alfombras de sal que durante toda la mañana grupos de jóvenes cofrades habían preparado en su honor.

Y giró el paso desde Santa Gertrudis a Carmen. Y todo fue Carmen en la calle. Todo fueron muestras de cariño hacia la Virgen salidas del pueblo de La Isla que le canta, reza e implora a su Patrona. Aunque es cierto que este año quizás algo más frío que en ocasiones anteriores.

Una petalada en mitad de la calle como otra ofrenda más de las que durante los últimos diez días se han visto pasar por el altar del templo carmelitano. Otra marcha. Otros vivas. Que se acorta el recorrido y se va llegando al final. Un final al que como dijimos se le ganaron algunos minutos, se le ganaron ya que se llegó casi con diez minutos de adelanto. 

El trayecto final por la calle Real era un río de isleños que querían acompañar a la Virgen hasta su casa. Sonó "La Caridad del Arenal" para que la Patrona girara hacia su templo. 

Quedó clavado el paso antes de volver a alzarse y que se entonara por última vez la Salve Marinera, esa que es la mejor muestra de devoción a la Virgen. Sonó la Salve y el Himno y tras las puertas del Carmen se encerraron 20 horas de espera y 4 de gloria carmelitana. Pasó el 16 de julio, el día grande de las fiestas de La Isla, en el que de nuevo la Patrona lo eclipsó todo. (ISLAPASIÓN).

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