La Hermandad del Perdón volvió a poner ayer, Jueves Santo, en las calles de la ciudad un cortejo de barrio puro. Las túnicas con las capas blancas, el buen número de monaguillos pequeños, las ganas por salir a llevar a su Cristo al centro de la ciudad...

Todo eso y mucho más es el Perdón cada Jueves Santo. Salvo que por algún casual -que ya se ha repetido en varias ocasiones- la lluvia aparece sin estar invitada. Entonces cambia un poco todo, o bastante. 

Desde el mediodía la Junta de Gobierno barajaba probabilidad de lluvia débil a partir de las doce de la noche. Es algo que les animó a salir a la calle a la hora y con el itinerario previsto.

La hermandad salió e iba a buen ritmo, llegó bien a Carrera Oficial marcando dos momentos diferenciados: el paso por el barrio de la Casería y ya la entrada en el centro a partir de la calle Ancha; entre estos dos puntos el paso por la capilla de la Vera-Cruz.

Si es cierto que el cortejo tampoco iba en un ritmo demasiado presuroso pero si marcando los horarios previstos. Al llegar a la calle Churruca, en ese recorrido de vuelta hacia el barrio, les sorprendió la lluvia durante unos pocos minutos lo que hizo que continuaran con la misma previsión de itinerario pero acelerando el ritmo.

Ya una vez pasados algunos minutos no solo implementaron ese ritmo más presuroso sino que también decidieron recortar el itinerario al llegar a Juan Sebastián Elcano y seguir por esta calle pasando por la puerta de urgencias del Hospital de San Carlos algo que facilitaba las maniobras y un acceso más rápido a la última parte del itinerario.

Cuando se salvó este pase por Juan Sebastián Elcano se redujo algo el ritmo disfrutando un poco de las marchas que interpretaba la banda de cornetas de las Tres Caídas de Dos Hermanas que volvía tras el crucificado de la Casería.

En el andar de la cuadrilla se limaron algunos matices con respecto al año pasado. El uso del doble paso solo fue en momentos puntuales -incrementado por la lluvia en otros que no estaba previsto-. 

Una hermandad de barrio que aceleró su ritmo para volver a su templo tras una lluvia de algunos minutos que no llegó a descomponer el cortejo. (ISLAPASIÓN).

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