El barrio de San Francisco abrió ayer su particular Semana Santa. Y lo hizo de una manera solmene, elegante y llena de devoción. La Virgen de la Caridad es sin duda uno de los referentes devocionales de nuestra ciudad y en su salida procesional se nota. 

Pero también se nota el buen trabajo que desde las distintas Juntas de Gobierno se viene realizando en las últimas dos décadas. Una hermandad con una puesta en escena en la calle con muchos puntos positivos. Con un ritmo certero y con ganas de exponer como único punto importante a sus Titulares en ese joyero de plata que poco a poco se va recubriendo.

Ser de la Caridad es ser de barrio. De Siete Revueltas y calle Comedias. De las nuevas Menorca o Lezo, pero es de calle Real. De tantos y tantos hermanos que anteceden al paso y tantos y tantos devotos que la siguen con la mirada en las aceras.

Es ser de barrio, y ser de blanquinegro, que es lo mismo que no ser fúnebre, sino solemne. Es llevar el luto por el Cristo de la Salvación a la manera más andaluza. Con un repertorio muy cuidado de marchas, con una interpretación que cada año va a más por parte de la Banda de Música de Agripino Lozano tras el sudario y con una cuadrilla de la JCC (Jóvenes Cargadores Cofrades) que cuanto más peso se añade cada año, más fuerzas y ganas le ponen. 

Como siempre en esta crónica diferenciar esos dos recorridos; desde la salida a Tomás del Valle y a partir de este punto a la recogida. Dos cofradías distintas. El blanco y el negro, o el negro y el blanco. La Caridad y su barrio, la Caridad y La Isla. Ese juego de luto y devoción, de callejuela y sudario. Esa combinación tan especial que solo se da un día al año y por unas horas. 

Caridad y Salvación; esa forma tan elegante de llevar el luto en el barrio de San Francisco. La devoción a raudales. (ISLAPASIÓN).

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