En el calendario del barrio existe un día. Y ese día es el Domingo de Ramos. Desde bien temprano suben la rampa los niños y los mayores llevan ramos. Son claveles, incluso margaritas, todo vale para demostrar que con poco o mucho el barrio tiene un rinconcito, un lugar en el que hasta el que no cree, va. Y va el Domingo de Ramos.

La Ardila se hace cofradía y sube una empapelada avenida de propaganda electoral. En un barrio mitigado por el paro y en ocasiones la exclusión social el mejor voto de futuro es una oración al Cristo de la Humildad y Paciencia y la Virgen de las Penas.

El paso de misterio luce su nueva distribución. Se pueden ver de mejor forma las imágenes secundarias. Y el palio destaca por una nueva corona, donada, y que resalta cuando los primeros rayos de la tarde se cuelan entre las jambas.

Es Domingo de Ramos y la hilera de penitentes blancos de fajín azul va inundando las calles. Ya nadies es más que nadie, todo el barrio en una cofradía que marca los tiempos para llegar a su hora a la Carrera Oficial y volver -previo paso por el callejón de los gritos o de Manuel Arriaga como se llama- a un barrio que lo acompaña hasta que el Domingo de Ramos da sus últimos coletazos.

Quizás, por el encuentro, el paso de misterio se lleva mucho tiempo esperando el encuentro con el paso de palio, aunque en la jornada de este Domingo de Ramos el buen tiempo hizo que al menos no se recordara a alguna de esas noches de baja temperatura o viento desapacible.

Las cuadrillas hicieron su trabajo a la perfección. Grandísimas levantás en el paso de misterio desde la primera hasta la última. ¡Vaya derroche! Y tras el palio de la Virgen de las Penas como ya una extensión del mismo, como un palo más de su cuadrilla, la Banda de Música de Agripino Lozano con un repertorio acorde a la jornada, cornetería controlada, y sabiendo dar en cada momento las marchas más certeras con un nivel que mejora por años.

Y así fue, y así se lo hemos contado, un nuevo Domingo de Ramos en La Isla. (ISLAPASIÓN).

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