Lo añejo, lo pasado. Todo vuelve, como las modas. Y así ha sido este Domingo de Ramos en la Hermandad de Cristo Rey. Una apuesta por recuperar elementos de los ochenta y noventa. Desde la cantina en el colegio La Salle en la jornada previa hasta una sección de hermanos antiguos portando palmas.

Y es que aunque en algunos casos pueda llegar a sorprender es la línea por la que apuesta la nueva Junta de Gobierno salida del cabildo de elecciones celebrada el pasado año. 

El pregonero, Juan Carlos Muñoz Rivero, abrió la puerta de La Salle para que saliera la primera de las cofradías. Mucho calor en la calle Real con un público que buscaba la poca sombra de la arteria principal de la ciudad.

Se estrenaba la Agrupación Musical de la Santa Cruz de Benamejí que llegaba con un cargamento de marchas dispuestos a dar lo mejor de sí en esta primera jornada de la Semana Santa.

Los pasos con un exorno floral muy adecuado a las intenciones de la hermandad estrenaba -el misterio- un foco de luz led en tonalidad azul que dio calidez cuando la noche se apoderó de los pasos de la cofradía lasaliana.

Saetas, muchas saetas. En Siete Revueltas -que hicieron que se escucharan menos marchas que de costumbre- y en la recogida en la que fueron muy aplaudidas por todos los presentes.

Marchas mandadas desde fuera del paso, un protagonismo importante de los cargadores, y un recuerdo en el aniversario de la bendición de Cristo Rey. 

Entre lo más llamativo y que condicionó el transcurrir de la procesión destacó la rotura de la conexión de un varal con el palio, concretamente el de la esquina trasera izquierda, que obligó a hacer las levantás a pulso algo que dificultó mantener el ritmo habitual de esta procesión. Estupefactos quedaban los cofrades que veían como cada levantá se repetía la misma operación. 

El sueño y la realidad. La Hermandad de Cristo Rey volvió a abrir la Semana Santa en un particular giro de intenciones. (ISLAPASIÓN).

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