Cerca de tres horas en un pregón comprometido, cofrade y que ha ido repasando cada uno de los pasajes de nuestras hermandades y cofradías. Ese podía ser un balance general del Pregón de la Semana Santa de 2019 que ha tenido a su cargo Juan Carlos Muñoz Rivero.

Antes que sonara ‘Amarguras’ en el centenario de su creación por Manuel Font de Anta y después de ‘Soleá dame la mano’ –vaya repertorio de quilates- tomó la palabra el presentador del pregonero Andrés Galán Gutiérrez quien hizo de ese pasaje de la presentación al pueblo la similitud en la presentación del pregonero.

Amigos desde sus inicios como jóvenes en la Hermandad de los Afligidos la presentación evocó los recuerdos de infancia y adolescencia así como tuvo un cariñoso recuerdo a su familia. La pasión por la música procesional del pregonero tampoco escapó de este perfil que remató con una metáfora taurina, dejando en suertes al pregonero ante “la faena cofrade de tu vida”.

Sonó entonces ‘Amarguras’ y el pregonero se dispuso junto al atril. Callaba el Real Teatro. Y en un verso largo, fue describiendo la intrahistoria del pregonero y la ciudad, de la ciudad y la Semana Santa; de su origen y sus cosas, para rematarla diciendo:

Soy Tú y tú soy Yo.
Soy La Isla; Tu Isla de León.
Soy Tu Luz y Tu Sol.
Soy Tu Amor.
Soy SAN FERNANDO.
Y con eso; esta dicho to”.

Tras también una larga ovación el pregonero dedicó su pregón a un amigo fallecido, Juan Carlos Revuelta Caparrós, ‘El Carli’, a quien aseguró volvería a ver “ya con los ojos del Alma’. Pero también dedicó el pregonero su exaltación a sus padres haciéndolo en versos.

Ya metiendo en el texto comenzó con una Salve a la Isla en la que fue recorriendo calles, plazas y barrios. En versos también que hablaban de historia de una ciudad bicentenaria y en los que pidió a Dios también por todos los nacidos “bajo el cielo de San Fernando”.

Siguió con los agradecimientos, con una parte muy especial a su mujer e hijos. Tras esta parte de ciudad y agradecimientos llegaron al texto las hermandades y para ello comenzó el pregonero con las de Gloria a las que siguió un recuerdo –homenaje- a los 50 años del Consejo de hermandades y la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad.

Antes de irse a repasar la Semana Santa de nuestra ciudad el pregonero estableció un capítulo denominado ‘Cristofobia’ en el que se dirigió directamente a esas “muchas personas que no comparten nuestra forma de ver todo esto”. Analizó una aconfesionalidad creciente y pidió respeto ante las creencias católicas con ejemplos muy actuales.

Aseguró el pregonero que “Ya está bien que siempre sea la religión católica la que sea atacada desde todos los frentes. Todavía no he visto a ninguno de ellos atacar a la religión judía, o a la islámica, o a la protestante, o la hinduista, o a la budista; por poner algunos ejemplos” entre otros ejemplos.

Tras este alegato a la libertad y respeto religioso el pregonero concatenó con una protestación de Fe a España en la que intercaló historia y creencias, personajes como Jovellanos o la España de 1812.

Y tras estas partes más inconexas el pregonero fue a ver la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor en cada uno de los pasajes ordenados de manera cronológica –no de días de la Semana Santa sino de como fueron sucediendo los hechos que se relatan en los evangelios. Solo sacó de este orden a la Resurrección con la que lo inició.

Bloques de prosa rematada en verso para cada una de las estampas de ese evangelio según la Semana Santa de San Fernando.

De Cristo Rey destacó su salida, del Huerto su vinculación con la Esperanza, del Prendimiento su paso por todo su recorrido y de Medinaceli toda la devoción que arrastra en un largo verso.

Siguió con Ecce-Homo, Columna y así el resto de pasajes que podremos ver dentro de una semana procesionar por nuestras calles y plazas.

Fui intercalando también fragmentos que rompían esta linealidad. El primero de ellos titulado ‘Recuerdos de infancia’ en el que repasó vivencias con sus hermanos, una gran familia cofrade, y anunció su deseo de ver a su hermano Manuel –Muñoz Rivero- como pregonero de la Semana Santa.

A modo de petición siguió con un extracto titulado ‘Aumenta la fe’ en un diálogo con el Señor en el que fue concatenando distintos aspectos de la vida cristiana.

Llegó a la parte de los ‘nazarenos’: Gran Poder, Misericordia y Tres Caídas. Siempre con la misma estructura de prosa rematada en largo verso con la que fue desgranando algo destacable de cada corporación penitencial.

Tras estos un nuevo bloque fuera de la linealidad pasionista: ‘Recuerdos de cargador’. Y es que el pregonero portó en alguna ocasión los pasos de nuestra Semana Santa, aunque recordó también a la cuadrilla de cargadores del Nazareno con ‘Calzones’ y ‘Milupa’ como capataces.

No quedó aquí el apartado de carga del pregón pues en un emocionado recuerdo quiso acordarse el pregonero de Antonio Zaldívar, fallecido el Miércoles Santo del año pasado, hablando de la “tradición más bonita y perfecta”.

Llegó el momento de Jesús Nazareno al texto del Pregón. Aludió el pregonero a ese “sin coger ventaja” de su cuadrilla y remató en versos de alabanza ante el Regidor Perpetuo de la ciudad.

Volvió a romper la linealidad el pregonero para añadir vivencias de juventud y cofradías. Su paso por el Colegio Liceo, su afición por la música procesional y hasta un concurso de pasos en miniatura. Evocación de juventud.

Humildad y Paciencia, Perdón, Vera-Cruz, Buena Muerte, Sangre y Caridad para el momento de los crucificados, o de misterio junto a la Cruz, que seguían manteniendo la misma estructura: algo de prosa y bastante verso.

Con los pasajes ‘vestir la túnica’ y ‘salir de nazareno’ el pregonero hizo todo un alegato en favor de participar de forma activa en los cortejos procesionales algo de lo que adolece la ciudad.

Siguió con el Cristo de la Redención y su traslado al sepulcro y de aquí volvió a saltar el pregonero a la ‘juventud’ como una petición a los jóvenes a participar en la vida de hermandad y también a los más mayores para que hagan hueco a estos jóvenes cofrades, futuro de nuestras hermandades.

Del Santo Entierro –de la que el pregonero es hermano- se sirvió para comenzar una nueva parte en la que siguió por la Virgen del Rosario.

Llegados a este punto y como repaso a todas las advocaciones marianas de la ciudad el pregonero fue rescatando en versos las distintas formas de llamar a la Santísima Virgen.

Pero no acababa aquí el pregón. Dejó para el final a su hermandad ‘Sobre todas las cosas Cristo’ como indica el lema de su hermandad de los Afligidos.

Quizás una de las partes, esta última, de mayor dimensiones en prosa aunque al seguir en verso ya llegaría hasta el final del pregón que remató con:

“Para que se escuche en toda la Isla
Y retumben hasta las piedras:
Que soy de Los Afligidos
Hasta el día que me muera.”.

Un gran aplauso sonó tras las dos palabras tradicionales con las que finaliza cada exaltación, el ‘he dicho’ que hizo que junto a los himnos quedara clausurado el acto. (ISLAPASIÓN).


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