Lunes, seis de la tarde. Comienzan a llegar los hermanos del Ecce-Homo al templo pastoreño. A diferencia de otros lunes aquí no sobrevuelan las capas rojas ni los escapularios azules, solo la distinción del cordón rojiblanco sobre sus cuellos y las miradas sujetas en un único punto, la dorada parihuela sobre la que se comienzan a encender los guardabrisas. 

Sobre el frío mármol de la Pastora el calor de los hermanos del Ecce-Homo y las ganas por vivir de forma intensa una jornada histórica para la hermandad. Todo estaba dispuesto. Sonaron las siete en punto de la tarde en los relojes mientras el Hermano Mayor iniciaba con un rezo el peregrinar del cortejo.

Se abrían los verdes portones, los mismos que abren cada año la Semana Santa en el barrio más cofrades de la ciudad, para abrir en esta ocasión una Cuaresma teñida del rojo de los cirios que iban saliendo por pares.

Más de ciento cuarenta hermanos antecedían a la parihuela que salía a una plaza con no demasiado público. Marconi, Santo Domingo, las calles que cada Lunes Santo, a esa misma hora, con ese mismo azul en el cielo, pespuntea la silueta de Jesús del Ecce-Homo como ha ocurrido esta tarde. 

Al llegar a la confluencia de Santo Domingo con la calle Colón el único punto negro en este traslado de ida. La falta de presencia de la Policía Local -que se había pedido mediante registro- dificultó el paso del cortejo tanto en este punto como la llegada a la calle Murillo. No es la primera vez que ocurre, ya pasó en el Vía-Crucis de las hermandades presidido por el Cristo de la Vera-Cruz, el último que tuvo traslado por las calles de la ciudad. Parece que vamos a anotar como una nueva "tradición".

Pero la caída de la noche y las velas encendidas daban una nueva imagen al cortejo y la parihuela al fondo. El paso por Murillo y La Herrán bien pudo hacer dudar sobre la idoneidad de este recorrido para una salida procesional. Jesús del Ecce-Homo se veía portentoso y solo el sonido de la capilla musical rompía el silencio del cortejo. El del público no ya que eso, lo del silencio, en esta ciudad es tema perdido.

Con la llegada a la calle Real algo más de público viendo el transitar del cortejo. Dentro de la Iglesia Mayor comenzaban a ultimarse los preparativos mientras que las representaciones de las hermandades iban ocupando los lugares establecidos. 

Preciosa la estampa del Señor del Ecce-Homo con la Iglesia Mayor como fondo. Su paso por el cancel interior y la llegada al dintel del templo donde los reposteros de la propia hermandad, Consejo y Ayuntamiento engalanaban la parte baja del coro del primer templo de la ciudad.

El discurrir de la parihuela por la nave lateral hasta llegar al presbiterio fue quizás el momento que congregó a un mayor número de fieles que siguieron bien desde los bancos o por los laterales del templo esta estampa única. 

La parihuela se posó en el centro, con ese fondo rojizo del retablo principal de la Iglesia Mayor que tan buena combinación cromática formaban. Se había llevado a cabo el traslado en tiempo y forma. A la hora acordada el Señor del Ecce-Homo estaba preparado para presidir el rezo de las catorce estaciones.

Y así fueron sucediéndose. Con el formato que el Consejo mantiene con la participación de algunas de las hermandades y el propio arcipreste de la ciudad, el Rvdo. P. Gonzalo Núñez del Castillo presidiendo la Sede.

Entre las autoridades representantes de los distintos grupos políticos así como de las distintas hermandades y cofradías. Si ya es tradición como decíamos la no presencia de la Policía Local en los traslados, tampoco estuvo la alcaldesa de la ciudad, Patricia Cavada, que en estos actos ni está ni se le espera. El equipo de gobierno estuvo representado por Francisco Romero, primer teniente de alcaldía, como máxima autoridad.

La característica Cruz de Guía de la Hermandad del Ecce-Homo fue recorriendo el perímetro interior de la Iglesia Mayor parándose en cada una de las estaciones. El acompañamiento musical estuvo a cargo de la Coral Nova Música y la capilla de la Banda de Música de la Hermandad del Nazareno.

Tras el rezo del Vía-Crucis el cortejo con los hermanos volvió a colocarse en el interior del templo para comenzar el recorrido de vuelta hasta el templo pastoreño. Mucho público en la salida de la Iglesia Mayor y también en todo el recorrido -por Rosario y Murillo- hasta volver a las inmediaciones del barrio de la Pastora.

Con la túnica lista y sin potencias volviendo hacia las calles del barrio Nuestro Padre Jesús del Ecce-Homo podía asemejarse la estampa de algunas décadas atrás. La que muchos jóvenes nunca han visto, pero que reconocen de las viejas fotografías.

Y como en noche de lunes no podía faltar el regreso al templo por la calle que tomó el nombre de quien regaló la estampa que ahora vemos en el Titular de esta hermandad; la calle del Alfonso Berraquero, la de la hermandad. Y desde aquí a la Plaza de la Pastora y la entrada en el templo. Se completaba así una histórica jornada para los hermanos del Ecce-Homo.

El Señor del Ecce-Homo había cautivado una vez más al mundo cofrade de La Isla. No hicieron falta marchas, ni quietos, simplemente la figura del Señor en una parihuela. Solo con eso ha bastado. Roma locuta, causa finita. (ISLAPASIÓN).

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