A veces dos siglos no son nada. Tan solo hace falta unos meses y la mano de un artista, para volver a recrear lo que se tenía entonces. Así podríamos calificar la imagen que se vive esta tarde en la capilla del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz.

El Titular que da nombre a la cofradía y uno de los barrios más señeros de la ciudad vuelve a su capilla tras pasar los últimos meses en el taller sevillano del isleño Pedro Manzano Beltrán.

Y se expone de una peculiar manera. Con fondo negro y sin ninguna de las cruces –salida o diario- en las que suele estar anclada esta devoción de más de dos siglos en nuestra ciudad.

Y es que si se cruza el dintel de la capilla y se accede a la misma durante las próximas horas –estará abierta hasta las nueve de la noche- el visitante podrá encontrarse frente a frente a la misma imagen que rindieran culto los isleños de finales del XVIII.

La intervención ha consistido en una profunda limpieza que, junto al estudio radiológico y químico, confirmó la inexistencia de repintes o segundas policromías que han ayudado en este sentido al minucioso trabajo de Pedro Manzano.

Gracias a esta profunda limpieza se pueden admirar de mejor forma los surcos de las heridas así como han salido a la luz algunas marcas pasionistas –referentes al proceso de flagelación- que hasta ahora estaban ocultas por el exceso de suciedad.

Tampoco se han encontrado deficiencias estructurales importantes –más allá de las que se podía ver a simple vista- por lo que en este campo las intervenciones más importantes han sido la de consolidar las uniones entre el tronco y las extremidades del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz. De forma sorprendente la imagen tampoco presentaba huecos interiores, algo que también se ha podido establecer del estudio del restaurador isleño.

Sí se ha tenido que intervenir –eliminando un añadido anterior- el hallux del pie izquierdo haciendo una recreación del equivalente del pie derecho. Igualmente también se ha añadido un nuevo sistema de sujeción coincidiendo con los tres clavos –manos y pies- así como un cambio en la cogida del Santísimo Cristo en la espalda para favorecer las labores que se realizan en los traslados para el Besapié y el paso procesional.

Igualmente se ha realizado una mejora en el conjunto de corona y potencias gracias al trabajo del orfebre sevillano Manuel de los Ríos que ha unido estas piezas en una única estructura que facilita su colocación y sirve también para reducir la presión de estos elementos sobre la cabeza del Santísimo Cristo.

La intervención de Pedro Manzano no ha dado en cambio luz a la autoría del Titular cristífero de la Hermandad de la Vera-Cruz. Ninguna firma ni elemento que pueda datar la obra aunque si se ha podido realizar un análisis químico de la policromía original de la obra que data en finales del XVIII su talla.

El estudio realizado por Pedro Manzano –que ya analizó la obra en el año 2012- es intención de la hermandad que sea presentado en una conferencia por el propio restaurador que dará a conocer más detalles técnicos de esta intervención.

El Cristo de la Vera-Cruz vuelve a casa y vuelve tal como fue concebido a finales del XVIII. Se ha eliminado la pátina del tiempo pero sigue inquebrantable el cariño y devoción de la ciudad y su barrio. (ISLAPASIÓN).

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