A veces, por el momento que nos toca vivir, formamos parte de algunas circunstancias, hechos, acontecimientos de los que se hablará y recordará en el futuro. Así ha sido y será -en el futuro seguro- con la jornada vivida por los hermanos de Columna en uno de los actos más esperados de la celebración de su 125 aniversario. 

La previa

Desde la mañana las caras de felicidad se reflejaban en cada uno de los hermanos de esta corporación que visitaban la Iglesia Mayor. El paso se ponía en carrera al mediodía con los candelabros encendidos como si el tiempo quisiera regalar un adelanto de lo que estaba por llegar. 

Ya en su altar se cerraban las puertas del primer templo de la ciudad para volver a abrirse pocas horas después con la llegada de los primeros hermanos. No eran ni las cuatro y media de la tarde y los hermanos cargadores inmortalizaban en una fotografía a quienes esta tarde-noche serían los pies de Jesús Atado y Flagelado a la Columna.

Llegaban el resto de hermanos y en el interior de la Iglesia Mayor se vivía esos nervios de cada Domingo de Ramos, pero de forma diferente. 

La Hermandad de Columna está en auge, como les pasó a otras tantas -por ejemplo Misericordia en los años 80- y todo lo que tocan, parece bendecido. El buen gusto en sus decisiones se transforma en una hermandad más unida -lejos quedaron otras épocas- y eso también se nota en la afluencia de hermanos en un acto como el celebrado en este 12 de octubre.

Autoridades, hermanos, cargadores y... la banda. No podemos obviar que otro -el primero es y será siempre Jesús Atado a la Columna- aliciente de esta procesión venía por parte del acompañamiento musical. Los músicos de la banda de cornetas y tambores de Las Cigarreras de Sevilla formaba en la parte baja del barrio de la Iglesia Mayor. 

Por San Marcos comenzaron a sonar los sones de esta formación que tenía a bastante público esperando. Pasacalles con un momento especial y es que de su repertorio una de las que llevan para estas previas es "La leyenda del tiempo" de José Monje Cruz -Camarón de La Isla-. Sonó como si la formación sevillana pidiera la venia para su primera visita a La Isla en el mismo sitio donde el compás -de yunque y martillo- revolucionó el flamenco. 

Pero mientras la banda sevillana llegaba a la Iglesia Mayor en el interior se formaba el cortejo. Sonaron en el reloj del primer templo de la ciudad las seis en punto. Y no eran las seis en sombra -parafraseando al poeata- sino las seis en luz de la tarde. Las seis en gloria auténtica columnera. 

El interior de la Iglesia Mayor olía a incienso, sonaba el llamador y se repartían los cirios que bajaban por la rampa que da acceso a la gloria misma cada Domingo de Ramos. Acababa la previa, era la hora.

Un recorrido por la historia para hacer historia

Decíamos que salían los hermanos, las representaciones de las hermandades de la parroquia, las representaciones de otro tipo -Consejo de Hermandades y políticos- y una presidencia que se giraba para escuchar la primera levantá en el mármol que dejaba de estar frío y hasta se tornaba en caluroso con el primer mecío de los hermanos cargadores.

El paso se levantó y giró suavemente para posarse antes del primer dintel. En este paso la salida no es una maniobra complicada pero a veces lo que no es complicado se convierte en aún más traicionero. No fue la ocasión. El paso se posó y ya, desde la Plaza de la Iglesia, se avistaba la imponente silueta.

Allí, antes de cruzar el dintel, una levantá por la mejoría en la salud de una hermana de la cofradía, María de los Ángeles Mariscal Oliva, para que los primeros rayos de sol pespuntearan ese paso que es de los que a los más pequeños impresiona. Y así desde hace algunas décadas.

Pasados los dinteles una corneta apunta la Marcha Real. El compás del tambor es bastante más lento de lo acostumbrado. El paso -al que llaman Galeón- comenzaba a surcar entre fieles y devotos con una elegancia desorbitada. El paso pausado asienta los cuerpos y hace, junto al compás propio de la carga en La Isla, una combinación perfecta, sin estridencias, sin excesos. 

Jesús Atado y Flagelado a la Columna salía de la Iglesia Mayor y todo el sol de la tarde incidía en la estampa. Parecía Domingo de Ramos. La Plaza de la Iglesia era un mar de cabezas y las dos primeras marchas sonaron tras el misterio: "Y fue azotado" así como "Costalero del Soberano". Vaya lujo para los sentidos.

Como por arte de magia se borraron las dudas de los ensayos, el coger el ritmo, el andar... nada. Es llegar a la calle y como afirmaba su capataz, Francisco Javier Barrera, la cuadrilla se adapta perfectamente a lo que se le pide.

Del paso por la calle Real, justo antes de que el paso se adentrara por Isaac Peral, destacar negativamente a la procesión civil de la Virgen del Carmen Patrona del Mar quienes esperaron en la calle San José para coincidir por unos minutos con el paso de Columna a escasos metros. Intentar ¿rivalizar? ¿ganar público? de poco sirvió. Los allí presentes siguieron clavando su mirada en las manos entrelazadas por un nuevo cordón del Señor de la Columna. Jugar a los pasos nunca pudo competir con 125 años de historia cofrade. 

Entre las marchas que sonaron destacó en esta parte una de ellas "Misericordia isleña" la que escribiera Luis Alfonso Miraut y fuera desde entonces un clásico en las marchas de cornetas y tambores y que siempre acompaña al repertorio de las Cigarreras. Fue en General Valdés y fue, sin duda, un momento con bastante carga emotiva.

En esta primera parte del recorrido la Junta de Gobierno quiso hacer una aproximación a la historia de al hermandad; a los orígenes. Y por ello el cortejo siguió por Real para adentrarse por Isaac Peral y General Valdés en la Alameda Moreno de Guerra donde esperaba una representación de la Hermandad de la Expiración.

Representaciones de ambas hermandades pasaron a la Vaticana y Castrense de San Francisco donde los hermanos de Columna honraron con un detalle que simboliza el recuerdo de esta particular circunstancia. 

Se cerraba así, con la entrega por parte de los hermanos de Expiración ante el paso de un ramo de flores y una levantá dedidaca a los sones de "Réquiem" la primera parte de una procesión que buscaba su historia para volver a escribir una nueva página en la misma; una página de oro.

De la historia a la gloria: la vuelta al barrio

Pero quedaba quizás la parte menos institucional -ya sin las representaciones- y la más esperada por los hermanos de Columna y aquellos que acompañaron -fueron muchos- al cortejo en las más de seis horas en la calle.

En este punto -Al paso por Real de vuelta tras la Alameda Moreno de Guerra- el cortejo sumaba algunos minutos de retraso con respecto a lo estimado por la hermandad para el normal desarrollo pero se reducía quitando la parte del protocolo que se había despedido como decíamos en la Alameda.

Las marchas seguían sonando tras "Réquiem" otro clásico "Eucaristía" y así combinando también con marchas más novedosas pero con un corte clásico en esta parte del recorrido. El ritmo se aceleraba por Real buscando el cruce con la calle Dolores. El sol caía a lo lejos y el cielo pintaba el morado columna en el fondo de la silueta de los sayones y esa butaca Yjamuga que debió llegar de forma extraordinaria para quedarse en el futuro. 

Dolores, Pérez Galdós, la noche sobre el misterio y el público seguía apostado en las aceras. De público mucho, bastante más de lo esperado, y durante todo el recorrido. En las aceras, en la bulla delante del paso, delante de la banda tras el misterio. Una jornada histórica que el cofrade isleño no quiso perderse. Y también los que no son de La Isla ya que muchas caras foráneas viendo el misterio del Domingo de Ramos, se apreciaba en los aplausos tras las marchas, en los fondos, que por cierto, fueron muy buenos toda la tarde-noche.

Se adentraba el cortejo por San Nicolás y todo era distinto. Marchas más populosas, el andar añadía izquierdos a lo que había sido un andar más reposado y sin cambios anteriormente. La hermandad se gustaba en la entrada en el barrio y eso se notaba. Sonó "Prendido" para una bajada de San Nicolás como no se recuerdan. Las horas iban haciendo mella en la cuadrilla pero los cambios cada poco tiempo entre las dos que portaron al Señor iban aliviando el trabajo.

Y de San Nicolás a Amargura en un recorrido novedoso y que aporta una calle poco transitada por las cofradías de La Isla. Allí esperaba una representación de la Archicofradía de Medinaceli -que habían engalanado su casa de hermandad- a quien dedicaron una levantá. 

Uno de los momentos más difíciles de la noche llegó con un cable antes de la confluencia de Amargura con la calle San Vicente. Unos cables muy bajos obligaron a una maniobra complicada a la cuadrilla que se solventó con maestría. 

Tras esto las calles más esperadas del barrio: San Servando y Jorge Juan. No faltaron las marchas más destacadas de la formación musical sevillana, ni los aplausos del público, ni los fieles en las aceras. Una noche calurosa -quien lo diría cuando se planteó una extraordinaria el 12 de octubre- no solo en lo climatológico. Ni faltaron los versos de Santiago Muñoz ni una alfombra de sal en Jorge Juan antes de llegar a Almirante Cervera en la que se reproducía el logotipo del aniversario.

Surcó entre cabezas el misterio para llegar a Almirante Cervera. En esta última parte el ritmo del cortejo fue más presuroso. Por los horarios antes de San Servando se perdían bastantes minutos con respecto al horario previsto y la hermandad no quería sobrepasar las doce de la noche en su llegada al templo.

Una llegada por Real entre marchas y público buscando la cercanía de la tarima ante la Plaza de la Iglesia. El Señor atado a la Columna llegó a la plaza y se recogió como debiera. Sin esperas, con el público centrando su atención en lo que debía y de la manera más majestuosa posible. De lo extraordinario también se puede aprender para el día a día.

Sonaron engarzadas el "Ave María" y "En mi recuerdo" para que tras la Marcha Real el paso de misterio cruzara de nuevo el dintel de la Iglesia Mayor. Se posaba sobre el mármol de nuevo para rematar una tarde-noche para la historia. Aquella noche que se recordará por los años. La de recordar la historia para seguir escribiendo una página gloriosa en el libro de la memoria de los hermanos de Columna. 125 años y una extraordinaria. Columna en estado puro. (ISLAPASIÓN).

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