"Sin Cruz no hay gloria ninguna" dice uno de los estandartes más representativos del cortejo procesional de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos. Eso quizás pensaron ayer los hermanos de esta hermandad cuando cruzaron el dintel de la Iglesia Mayor, minutos después de las once de la noche, para comenzar una estación de penitencia en la que muchos de ellos lloraron tras la tela negra que les cubría sus caras.

La Virgen del Rosario salió, después de tres años sin poder hacerlo, para ser la hermandad de siempre. La del silencio roto solo por el rezo del Rosario, la de sus atributos, la de la Virgen con su luto hebreo sobre parihuela llevada por sus hermanos. Todo igual que siempre. Nada cambia puesto que nada tenía que cambiar. Su única modificación la sede parroquial en la que se encuentran, pero eso no hizo que los hermanos del Rosario no pasasen por el que es su barrio fundacional, el del Parque, y visitaran y rezaran a los fieles difuntos a su paso por el cementerio isleño.

Los cofrades la arroparon, quizás algo más que en los últimos años en los que procesionó. La hermandad y sus hermanos habían sufrido, y mucho, para llegar a la noche de ayer y la estación de penitencia tras el rezo de la Hora Santa fue la máxima recompensa a tantos malos momentos.

La Cruz siempre lleva a la Gloria y los hermanos del Rosario han demostrado que incluso ante las estratagemas más ruines, los deseos de su extinción y las mil y una malas artes utilizada en estos tres años, siempre vence la verdad y la Gloria sobrevuela cualquier cruz, sea la que sea. (ISLAPASIÓN).