Sonaban a duelo las campanas de la capilla. Sonaban doblemente a duelo las campanas de la capilla del Cristo Viejo. Si aquel momento que refleja el misterio de la Vera-Cruz se trasladara al pasado Miércoles Santo era exactamente lo que se vivió junto a la capilla.

Cargadores llorando. Miradas a ningún sitio. Abrazos. Todo era difícil cuando tan solo unas horas antes se había conocido el fallecimiento de uno de los suyos, de un cargador, de un miembro de la JCC, Antonio Zaldívar Cruceira.

Fallecimiento que fue recordado en la primera levantá de un paso que ganó tiempo en la maniobra de ponerse en las calles de la ciudad con respecto al año pasado. Desde la salida ver el cortejo en Churruca o Ancha es un deleite para los sentidos cofradieros. Las nuevas bocinas, los hermanos con un comportamiento exquisito, la música de capilla... Es la Vera-Cruz.

Y así con el resto del itinerario. Un camino de ida y de vuelta con el mismo andar, con la misma cadencia, con ese momento íntimo en la Iglesia Mayor. La cofradía que hace pensar, si pusiéramos un filtro de color sepia, como serían las cofradías hace algunas décadas. Logra incluso que el público se quede callado. 

La Vera-Cruz simplemente este cortejo que te lleva a épocas pasadas, el cortejo de los cofrades mayores del barrio del Cristo. (ISLAPASIÓN).

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