Algo más, mucho más que un imponente altar de plata. Eso es la Hermandad de la Caridad cada Martes Santo. Un reguero de luz que camina por La Isla y anticipa su paso a Jesús de la Salvación y la Virgen de la Caridad. Un cortejo compacto, sin fisuras, y con las ideas bastante claras.

Y es que ver el cortejo es un deleite, una mejora sustancial en los últimos años, una hermandad clásica con muchos detalles que ver hasta llegar al paso y sus Titulares. 

La hermandad marca un andar cuadrando los tiempos sin estridencias, sin pausas innecesarias en el camino de ida a la Carrera Oficial con un cuidado repertorio musical que interpreta de maravilla la Banda de Agripino Lozano que se encuentra muy agusto en esta procesión. Ya de vuelta... ya de vuelta es otra cosa. Sigue esa misma compostura pero hace un guiño a la Caridad de toda la vida.

A la de las Siete Revueltas y las marchas con trompetería. A las saetas que se suceden en balcones y a pie de calle. La Caridad de la calle Comedias. La Caridad de siempre. 

Y es que aunque la cofradía tenga dos partes diferenciadas no dejan de ser una misma. Una hermandad del barrio y de la ciudad. De luto y algarabía cuando es necesario. Una hermandad de las dicotomías marcadas pero del ejemplo de fe claro. Una hermandad de Caridad y Salvación, mucho más que el portentoso altar de plata. (ISLAPASIÓN).

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