Era el estreno más esperado de la Semana Santa. La Hermandad de Humildad y Paciencia culminaba como así lo dijo su Hermano Mayor, Guillermo Zuaza, en la primera levantá al paso de misterio un sueño de 30 años. Un sueño de culminar el misterio que comenzara Alfonso Berraquero con el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia y que desde ayer se culminó con las imágenes secundarias de su discípulo Joaquín Domínguez Vidal. Y fue el propio Domínguez Vidal quien dio esa primera levantá como no podía ser de otra forma.

Pero no todo fueron romanos ayer en la Ardila. La Hermandad de Humildad y Paciencia demostró más, mucho más. Un recorrido de ida marcando tiempos de forma milimétrica aún suponiendo un buen esfuerzo para sus cuadrillas. Un caminar sin perder la compostura y que beneficia, y mucho, a la forma en la que se mecen sus pasos. 

La Isla esperaba su llegada y allí estaban. Dando lo mejor que tienen, sus Titulares y un cortejo nutrido de hermanos que los acompañan. Y la vuelta a su templo como estaba esperado. Gran gentío hasta una hora antes que se agolpaba en Manuel de Arriaga -o callejón de los gritos- y ese mismo público que acompañó hasta la recogida que una vez más marcó el final del Domingo de Ramos.

Como hemos dicho las cuadrillas muy bien, notándose el aumento del peso en el misterio y una armonía cadenciosa en el paso de palio. Quizás, por poner algún pero, la Agrupación Musical Ecce-Mater no logra alcanzar el nivel exigido, en cambio la banda de música de Agripino Lozano tiene ese pellizco cofrade que nunca le faltó: marchas bien escogidas e interpretación cada vez a un nivel más alto. 

En definitiva, la Ardila más romana conquistó el corazón de La Isla cofrade. (ISLAPASIÓN).

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