La comunidad de Padres Carmelitas ha regalado en estas horas previas a la llegada de una nueva Cuaresma uno de los momentos seguro más especiales de estos 40 días que darán comienzo mañana. 

Desde esta tarde y hasta el próximo viernes Nuestro Padre Jesús Nazareno -también conocido como Nazareno de Pasión- de la Iglesia del Carmen se expone bajo su altar en devoto Besamano que concluirá el viernes con un Vía-Crucis claustral.

Una imagen que arremolina en torno a si una grandísima devoción aún siendo una imagen no procesional y que no tiene hermandad, cofradía o grupo parroquial del que sea Titular.

La imagen del Nazareno se muestra en estos días bajo su altar sobre peana de plata y con elementos propios de la Pasión en un sencillo pero suficiente montaje. Para completar esta bella estampa se ha situado a la Virgen de los Dolores -también de propiedad de los carmelitas- en el lugar que ocupa habitualmente el Nazareno, en su altar. Haciendo de esta forma un marco incomparable que se suma a uno de los retablos mejor conservados del templo carmelitano.

El Nazareno que desde hoy se puede venerar en Besapie ha estado en la Iglesia del Carmen desde fines del siglo XVII, es de reconocido mérito artístico y es una de las mejores existentes en San Fernando.

La sagrada efigie, de autor anónimo, ha sido atribuida a tres posibles autorías: 1) Tradicionalmente se ha considerado de escuela genovesa. 2) Sin embargo, tan lograda y conmovedora talla ha sido atribuida recientemente a la gubia de Luisa Roldán, La Roldana. Los argumentos en los que se basa esta atribución son dos: uno cronológico, otro morfológico. El cronológico incide en el hecho de que la imagen fue colocada en la primitiva iglesia conventual en 1685, y que ese año coincide con la etapa gaditana (1684-1688) de Luisa Roldán, durante la cual la habría tallado. El argumento morfológico y estilístico, además, hace notar el parecido que la imagen guarda con otras de La Roldana: el Ecce Homo (1684) de la catedral gaditana, y el Jesús Nazareno (1699) que el rey Carlos II encargó a la Roldana para regalar al papa Inocencio XII y que hoy se venera en el convento de las franciscanas de Sisante (Cuenca). 3) Pero también se ha señalado el parecido de la imagen con la de Jesús de los Afligidos, obra de Peter Relingh (o Sterling) de 1726 y titular de la cofradía de este nombre sita en la parroquia de San Lorenzo de Cádiz.

Esta “santa y milagrosa imagen de nuestro amantísimo Padre Jesús Nazareno”, tal como se referían a ella los frailes carmelitas, fue colocada en la primitiva iglesia conventual en fecha tan remota como el año 1685. Cincuenta años más tarde, fue situada en la primera capilla de la nave del evangelio de la nueva iglesia conventual consagrada en 1733. Dicha capilla y su bóveda para enterramiento fueron adquiridas ese año por Francisco Bernal García, secretario de S.M. y escribano mayor de Rentas Reales y Servicios de Millones de la ciudad de Cádiz, concediéndosele el uso y patronato de la referida capilla. En su virtud, dicho señor costeó de su peculio la realización de vestiduras y de una nueva policromía para la imagen. Dos años después, fundó una serie de memorias perpetuas en la capilla, entre ellas la de una fiesta solemne en honor a la sagrada imagen que habría de tener lugar en la solemnidad de la Circuncisión del Señor.

En el año 1751, un grupo de cofrades de la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen, encabezados por el propio hermano mayor, Juan Rosete Fernández, presentó un memorial al obispo Tomás del Valle pidiendo licencia para la fundación y erección de una Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El obispo concedió la licencia solicitada y ordenó que se formalizaran las constituciones y reglas como requisito indispensable para otorgar la erección canónica. Entretanto, condescendió en permitirles sacar la venerada imagen en procesión el Viernes Santo de ese año desde la iglesia del Convento del Carmen de la Real Isla de León.

Esta naciente Hermandad de Jesús Nazareno se encontró con la dificultad de carecer de los enseres necesarios para efectuar la procesión y de tener escaso margen de tiempo para adquirirlos. Mas siendo la mayoría de los fundadores miembros de la junta de gobierno y cofrades de la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen, acordaron prestar los enseres procesionales de esta hermandad mariana letífica para la nueva corporación penitencial. Esta decisión alarmó al vicario eclesiástico de la Isla de León, temeroso de que se produjera la unión de ambas hermandades con el consiguiente perjuicio para los derechos parroquiales. Por este motivo, se opuso a la salida de la procesión.

Los congregantes entonces acudieron de nuevo a fray Tomás para aclarar que su intención no era la de fusionarse con la Hermandad de la Virgen del Carmen. También para dejar sentado que eran y serían dos hermandades separadas, cada una con su instituto y sus cultos, lo que para nada perjudicaría los derechos de la parroquia. A la vista de estas alegaciones, el obispo mandó al vicrio que depusiera su actitud y no embarazara la salida de la procesión de Jesús Nazareno de la iglesia conventual carmelita por ese año, según había decretado antes. Pero también ordenó que debían respetarse los derechos parroquiales y recordó a la nueva cofradía que aplazaba la erección canónica de la misma y la aprobación de sus constituciones para después de esta salida procesional.

El citado escrito de réplica de los cofrades y el decreto episcopal subsiguiente es la única documentación que ha llegado a nosotros sobre esta cofradía. Sólo merced a su contenido conocemos la existencia de la misma. No sabemos si la naciente hermandad redactó constituciones, como había decretado el prelado, ni si, por lo tanto, fue aprobada formalmente y establecida canónicamente. De todos modos, esta corporación, si cuajó, tuvo una vida muy breve y sin continuidad. La nómina de hermandades isleñas redactada en 1764 no la cita.

Tampoco sabemos si hubo relación alguna entre esta hermandad surgida en el Carmen y la Hermandad de los Montañeses fundada casi veinte años más tarde en la Iglesia Mayor Parroquial. De todos modos, el recuerdo de esta hermandad que se intentó establecer para dar culto a una imagen de Jesús Nazareno en la iglesia conventual, quizá esté en la base de algunas antiguas tradiciones no documentadas que relacionan a ambas cofradías y que fueron propagadas desde el siglo XIX por los eruditos isleños y por la prensa local. (ISLAPASIÓN).

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