Hace algo menos de 400 años, sobre un carro tirado por bueyes emprendía un viaje sin retorno un crucificado vivo. Había salido del taller de Juan de Mesa, apenas dos años después de que lo hicieran el Gran Poder, el Amor, la Buena Muerte o la Conversión. En la madurez artística del escultor cordobés, ya alejado plenamente de la suavidad de las formas que aprendió de su maestro Martínez Montañés, a Mesa le vino la inspiración divina para plasmar en un tronco de madera mayor del habitual toda la destreza estilística perfeccionada a los casi 40 años de edad. El barroco más puro en su apogeo. Hoy, ese Cristo obra cumbre de Mesa ha vuelto al origen.

Cruzaba aquella España del primer tercio del XVII un crucificado encargado por el contador real Juan Pérez de Irazábal. Desde Sevilla a Guipúzcoa, más concretamente a la localidad de Vergara. Allí, entre las colinas verdes de la comarca del Alto Deva, en una capilla de la parroquia de San Pedro de Ariznoa, quedaba entronizado el Cristo de la Agonía. En aquel lugar, durante casi 400 años, ha sufrido el avatar del tiempo, el olvido e incluso el fuego. Sin embargo, en los albores del cuarto centenario de las grandes imágenes hispalenses de Juan de Mesa, el Cristo que partió en ese carro de bueyes volvió a Sevilla para, qué paradoja, regresar a su origen y recuperar el esplendor perdido.

Fray Juan Dobado, el prior del convento del Santo Ángel, «tuvo la chaladura» -como afirma Koldo Azpeteguia, el delegado de Patrimonio de la Diócesis de San Sebastián- de que en el 400 aniversario del Cristo de los Desamparados de Martínez Montañés vinieran a Sevilla el Cristo de la Agonía de su discípulo Juan de Mesa y el crucificado del Seminario Mayor de Granada, de su maestro Pablo de Rojas. Para ello, era necesario que el crucificado pasara por un lavado de cara antes de ser expuesto en el templo carmelita de la calle Rioja. Así fue, se le hizo una limpieza superficial en el IAPH antes de regresar de nuevo a las instalaciones de la Cartuja para emprender una segunda fase mucho más laboriosa.

Una de las alteraciones más llamativas que presentaba la imagen eran unas ampollas en la policromía, además del oscurecimiento provocado por quemaduras, sobre todo en la zona superior de la pierna derecha, el pectoral derecho y ese mismo lado del rostro. Esas ampollas llegaron a quebrarse, dejando como huellas circulares y perdiendo el estrato de policromía.

Además, los técnicos del IAPH, dirigidos por la restauradora Maite Real y la historiadora Eva Villanueva, descubrieron que la policromía se encontraba recubierta de una capa de color oscuro que ocultaba notablemente la encarnadura original de la talla. Así, hallaron una intervención que sufrió el Cristo a finales del XIX a cargo de escultores de la Real Academia de San Fernando de Madrid. Es decir, no era cierto lo que se pensaba acerca de que el Cristo nunca sufrió alteración por mano del hombre, ya que sí le fueron aplicadas al menos dos capas de barnices y repintes, sobre todo tras el incendio que sufrió en San Pedro.

El IAPH ha limpiado en profundidad la imagen, recuperando la tonalidad original de la policromía, así como se han solucionado el resto de patologías que tenía la talla, tanto en su cuerpo como en la propia cruz, que es la original que esculpiera Juan de Mesa.

Sin embargo, tras un estudio en profundidad, el equipo multidisciplinar que ha restaurado la imagen decidió no reintegrar las zonas perdidas de la corona de espinas que, como la del Gran Poder, tiene forma de serpiente anidada a la frente del Señor como símbolo del pecado. Maite Real ha explicado que como en algunos lugares «no era reproducible, ya que no conocíamos el trazado que tenía originalmente, y se decidió no reintegrarla».

El director del IAPH, Román Fernández Baca, ha explicado en la presentación celebrada en la capilla de Afuera del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo que el coste total de la restauración ha ascendido a 26.000 euros.

El Cristo de la Agonía podrá contemplarse en la capilla de Afuera del CAAC del 9 al 11 de febrero. El viernes y el sábado el horario ininterrumpido será de 11 a 21 horas y, el domingo, de 10 a 15.00 horas. Será entonces cuando, de nuevo, la cumbre de los crucificados de Juan de Mesa vuelva a cruzar España, de Sur a Norte, de Sevilla a Guipúzcoa, en un viaje a priori sin retorno, aunque esta vez no será en un carro tirado por bueyes.

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