Abierto en canal. Con sus inseguridades y miedos pero con toda la verdad del hermano número 200. Así se presentó ante el atril pregonero en la Iglesia de la Pastora el actual Hermano Mayor de la Hermandad del Huerto para pregonar a su Virgen, a Gracia y Esperanza Coronada. 

Y es que a veces no se puede decir que no. Y así tuvo que asentir José Antonio Gómez Alanís cuando su Junta de Gobierno, la que capitanea desde hace seis años, le propuso pregonar a la Virgen en esta jornada previa a la festividad de la Esperanza.

Así lo dijo su presentador, que en este año era el Vice Hermano Mayor de la cofradía, Jesús Rodríguez Quijano, que aseguró también el mérito de este máximo dirigente de llevar a buen puerto a todo el grupo humano que gobierna la cofradía que más hermanos saca a la calle cada Semana Santa.

Y así tomó la palabra. Tras las notas que un grupo de músicos de la ACM San José Artesano interpretaran con aires de Martes Santo. Y lo hizo para recrear detalle a detalle el proceso que llevó a posar sobre las sienes de la Virgen de Gracia y Esperanza la corona que ansiaran sus hermanos desde algunos años atrás. 

Un pregón de vivencia y mensaje. Un pregón de recuerdos y actual. Un regalo que posó antes de la Función a las plantas de la Virgen y que fue desgranando como se pasan las horas junto al palio verde del Martes Santo por las calles de la ciudad para llegar a la apoteosis de los últimos momentos en un símil de su llegada a la calle Ancha.

El pregonero tuvo el momento más íntimo en una carta a corazón abierto a sus hijas, hermanas también del Huerto. Una carta con todo lo que conlleva ser cofrade, con lo bueno y lo malo, con las alegrías y los reveses. Con todo eso como mejor herencia aprendida y recibida de los mayores para seguir dejándola en ese tronco común que es la familia cofrade.

Pero no solo regaló prosa y verso. También, y de nuevo junto a sus hijas, posó junto a la Virgen un regalo material y que era también un sueño de muchos hortelanos. Una pequeña peana de cultos obra del isleño Miguel Ángel Cuadros que usará mañana mismo en su Besamano. 

Y el pregonero siguió regalando momentos. Los más íntimos para el final cual epitafio de su vida cofrade. Referencias al Señor de la Oración en el Huerto que espera en el templo la recogida de Gracia y Esperanza. Y un canto final con acordes de marchas hortelanas en el que el pregonero se sinceró y autodefinió como cristiano y del Huerto. Sin más y sin menos. Así fue el pregón. (ISLAPASIÓN).


Galerías: