Jerez celebró la Purísima Concepción de María por los cuatro puntos cardinales. Desde el barrio de Las Viñas hasta el reducto Catedral. Viñas de Concepción Coronada de Gloria para la guapa cuya festividad celebraban ayer sus cofrades. Con su rosario de la aurora hasta el final de la jornada a través de una solemne función de besamanos para la Pura que tiene su reino entre los pagos de viñedos que nombran sus calles.

En la Catedral, la Amargura estaba más guapa que nunca. Tenía el bonito subido. Fernando Barea volvió a obrar el milagro con un soberbio pecherín enjoyado y un rostro bellamente angustiado.

La pontifical tuvo lugar a las once y media, presidida por el obispo de la Diócesis Asidonia-Jerez, José Mazuelos Pérez. La homilía fue contundente. Quiso hacer una actualización del mensaje doctrinal de la Iglesia. Dos mujeres que sirvieron para dar sentido a la Historia Sagrada. Eva que representa el mundo actual en que el hombre se empeña en erigirse como "dios" a través de un capitalismo basado en "la economía del descarte" y un orden de valores con los que juega el nuevo marxismo, alejado de la dimensión trascendental. Por otro lado, la salvación vino a través de la nueva Eva. María que acepta la voluntad de Dios para "engendrar una nueva humanidad. El avance del nuevo Cielo", subrayó Mazuelos Pérez.

Una vez acabada la pontifical en la que la ciudad renovó el voto de la Inmaculada Concepción, llegaron las horas de espera para que la Santísima Virgen de la Amargura volviera a su parroquia de San Juan Bautista de los Descalzos. Eran las cinco de la tarde cuando la cruz de guía asomaba por la puerta principal de la Catedral. Con "Estrella Sublime", la Reina de la calle Medina iniciaba su recorrido de vuelta.

Mucho público en la zona del reducto, un cortejo que bien podría haber tenido a más hermanos entre sus filas porque la Virgen estaba en la calle.

La Virgen, una vez más, estuvo exquisita. Maravillosamente elevada al cielo por su veterana cuadrilla de costaleros. Acompañada por una banda sólida como es la Julián Cerdán que escogió un conocido repertorio de marchas clásicas afinadísimas.

A la llegada a en San Miguel, los hermanos pudieron salir de las filas para disfrutar de la Virgen desde fuera. Otros aprovecharon para hacer fotografías.

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