Apenas pasaban cinco minutos de las 13:30 cuando la Virgen de la Amargura entraba por la puerta principal de la Catedral. Este fue el momento final de un traslado extraordinario que, sin duda, quedará perenne en las retinas de los cofrades amarguristas y de los cofrades de Jerez.

La mañana comenzaba más temprano de lo programado. El paso de palio hacía acto de presencia en el atrio de los Descalzos a las 9:30 de la mañana, hora a la que tenía que haber salido la Cruz de Guía de la comitiva, acompañado por un quinteto de viento que interpretó diferentes composiciones como aves María o marchas procesionales. El frío se hizo patenteentre todos los que se encontraban allí, con la esperanza de que amainara según fuera avanzando el día, cosa que no ocurrió. Pero, aún así, el poder de convocatoria de la Virgen de la Amargura se impuso a cualquier inclemencia del tiempo, de manera que la dolorosa estuvo arropada en todo momento.

Las obras de las Plaza de las Angustias obligó a cambiar el itinerario que, no en balde, al final resultó ser un aliado, porque se vieron estampas únicas al paso de la cofradía por calles como Mariñíguez o Sol. Posteriormente, al paso por calle Barja, las Clarisas cantaron -desde dentro del convento- a una Virgen que había vuelto su palio a la puerta del mismo.

Tras pasar por San Miguel, la Hermandad de la Amargura ultimaba los metros de su itinerario para llegar a la Catedral, donde la dolorosa ya preside el altar mayor para la celebración del triduo y posterior pontifical -el viernes- en honor de la Inmaculada Concepción.

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