El museo de belenes más grande del mundo acaba de abrir sus puertas en la localidad malagueña de Mollina, en el centro geográfico de Andalucía. Se trata de una superficie de 5.000 metros cuadrados en la que se exponen 60 escenas con más de 1.000 figuras que materializan el sueño de Antonio Díaz y Ana Caballero, un matrimonio que decidió apostar por el proyecto hace 12 años.

Entre las exposiciones figuran escenas tradicionales, con el nacimiento de Jesucristo como elemento central, pero también otras contemporáneas en las que se aprecia un grupo de niños montando un belén entre losescombros de la guerra; una pareja de refugiados con un bebé entre sus brazos, huyendo del mismo modo en que lo hicieron María y José; y al Papa Francisco y su antecesor, Benedicto XVI. También hay una representación monumental basada en Andalucía, con presencia de todas sus provincias, y otra que repasa toda la historia bíblica, desde Adán y Eva hasta la resurrección de Cristo, del madrileño José Luis Mayo.

El Museo de la Fundación Díaz Caballero, gracias a la que han sacado adelante el proyecto, abrió hace menos de dos semanas y el resultado ha sido “inimaginable”. El primer fin de semana asistieron 2.000 personas, el segundo más de 2.500 y para el siguiente ya están cubiertas las reservas, según explica Antonio Díaz, de 59 años. Este antiguo profesor de matemáticas, inició estudios de arquitectura que dejó para centrarse en el mundo de los belenes y gracias al aporte de sus empresas ha podido sufragar los costes.

Su idea inicial pasaba por crear un espacio de unos 150 metros cuadrados en el que colocar varios belenes. Sin embargo, su compañero en la aventura, el belenista Antonio Bernal, lo convenció para buscar un espacio mayor para hacerlo a lo grande. Ahora llegan profesionales “de Italia, Austria, Alemania, pero también de San Sebastián, Bilbao, Murcia y Catalunya”, explica Díaz. “Catalunya es el sitio más fuerte del mundo en belenes. Tienen una tradición increíble y muchas de nuestras exposiciones vienen de allí”, afirma.

“Han sido años muy intensos hemos viajado mucho y también hemos tropezado y nos hemos levantado. Sinceramente, pensaba que nos quedaríamos en el camino”. Explica Antonio Bernal, escenógrafo de un colosal belén de figuras talladas por la italiana Angela Tripi.

Además, el Museo también guarda un lugar para el campo andaluz con la representación de una antigua casa popular, y herramientas agrícolas como almazaras y aperos.

Ana Caballero recuerda el primer belén que trajo su marido en las primeras navidades como casados en una caja de zapatos. Desde entonces, han inculcado esa tradición a sus hijos. Ella no se considera belenista desde el punto de vista de la recreación escenográfica, pero “si llamas belenista aestar loca por el belén, lo soy”.

“Se necesita aprender a mirar y escuchar; apreciar los colores, pero también poner fallos”, continúa Caballero, que defiende la tradición de los belenes populares como requisito. “Sin ese río de papel de plata no existiría el belén artístico”.

Uno de los objetivos de su Museo es educar a los niños en la cultura del belén y defender “nuestras tradiciones maravillosas”. Por ello, ofrecen cursos y actividades para todas las edades a las que está invitado cualquiera, “aunque no sea religioso, da igual, esto es arte”, afirma Caballero.

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