Fuera, el día transcurría con normalidad. Colas en el Alcázar y para subir a la Giralda. Dentro de la Catedral se iba a vivir una jornada extraordinaria. Poco después de la hora del Angelus, el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo Pelegrina, hizo oficial la coronación canónica de la Virgen de la Salud de la hermandad de San Gonzalo. El templo rompió en aplausos, los hermanos se abrazaban. Y el hermano mayor, José Fernández, catedrático de Historia del Arte, diría en su intervención que la corona que más le gusta a la Virgen de su barrio es la de "la caridad y la unidad".

Pablo VI, en el Concilio Vaticano II, nombró a la Virgen María reina del Universo. Ése ha sido el viaje que la Madre de Dios hizo desde Triana a Sevilla. De su casa, el barrio, a la ciudad; de la ciudad, al mundo, al universo representado por la Santa Iglesia Catedral. Faltaron por imperativo categórico sus madrinas, las Clarisas de Carmona, que cumplen régimen de clausura y siguieron la ceremonia por youtube. "Están en facebook", dice Juan Manuel Labrador, periodista oficioso de la hermandad de San Gonzalo. Estas monjas le bordaron a la Virgen el manto de su última salida y este sábado llevaba una reliquia de su propiedad. La corona fue llevada hasta el altar por cuatro religiosas, hermanas de la Consolación, convento junto a la hermandad creada el día del Carmen de 1942. El verano de la película de Robert Mulligan. No hay mejores bodas de diamante.

Cuando Marcelino Manzano, en nombre de la diócesis, leyó el decreto de coronación canónica, con el visto bueno del nuncio apostólico Renzo Fratini, tres hombres subieron desde los bancos para estampar su firma. La presencia entre ellos del hermano mayor de San Gonzalo y del alcalde de Sevilla, Juan Espadas, no dejaba de pertenecer a la más estricta normalidad. La sorpresa fue el tercer hombre. En los anales de la hermandad, cuando dentro de otros 75 años alguien consulte la jornada histórica que se vivió este sábado le sorprenderá encontrar la firma de Mauriusz Blaszczac. El ministro del Interior de Polonia asiste este lunes a una cumbre de titulares europeos de ese departamento en Sevilla y no se quiso perder la ceremonia. Cada palabra del arzobispo se la traducía la embajadora de Polonia en España, Marzenna Adamczyk, que habla un español correctísimo pulido en sus anteriores destinos de La Habana y Barcelona. La delegación polaca llegaba casi 35 años después de que visitara esta misma Catedral el polaco Karol Woyjtila, Papa Juan Pablo II entre 1978 y 2005.

Es la décimo octava coronación canónica que tiene lugar en la archidiócesis de Sevilla. Asenjo no quiso limitarse al protocolo o a la copistería litúrgica. Dijo que rezar por España es en estos tiempos "un deber religioso". "El cuarto mandamiento nos manda rezar por nuestros padres y también por nuestra Patria". Le pidió a la Virgen de la Salud que "proteja a España y tutele su unidad, acrisolada a lo largo de cinco centurias y que no es lícito que nadie quiera malbaratar, despreciar o destruir". También le pidió "fortaleza y prudencia" para el rey Felipe VI, cuyo padre, el rey emérito Juan Carlos I, aceptó la presidencia de honor de los actos de la coronación.

La parroquia de San Gonzalo está regida en la actualidad por Carlos Javier López. Este sacerdote nacido en Peñaflor, donde se casó Blas Infante, tuvo antes destinos en Cádiz, Marín (Pontevedra), Coruña, Ayamonte y cursos de Catequética en Madrid. El hermano mayor mandó un abrazo de espacio a las hermandades de Triana y de tiempo a las del Lunes Santo.

Su vecino más ilustre fue el poeta Juan Sierra, el pregonero inédito que en su libro María Santísima dedicó veinte décimas a otras tantas advocaciones de la Virgen. Ninguna para la Virgen de la Salud, porque el libro es de 1934, ocho años antes de que se funde la hermandad. Pero vale para la nueva coronada, mujer vestida de sol con la luna por pedestal de la carta de San Pablo a los Corintios, el final de uno de esos poemas: "Alta frente, dulce pecho; permíteme que te hable".

La salida fue apoteósica. El alcalde presidió la recepción en el Ayuntamiento, donde estaba buena parte del centenar de pejines, gentilicio de los de Laredo, ciudad con la que el Ayuntamiento se hermanó la víspera. "Salió todo a la perfección", decía el alcalde, que en la misa se sentó entre la embajadora de Polonia y el general Juan Gómez de Salazar, de la Fuerza Terrestre. La salida extraordinaria del Gran Poder le cogió a Espadas en Londres con los planes de Murillo en la National Gallery, pero lo de este sábado no se lo perdió. La Virgen avanzaba por Tetuán como una de esas naves que aparece en el escudo de Laredo.

El Cecop intervino por varios golpes de color. Una procesión en octubre... con abanicos. Y muchas mantillas en la iglesia. 

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