Comenzó el verano, y un año más parece que llegó la normalidad; la normalidad al día a día de las cofradías, de las casas de hermandad o almacenes en los que el bullicio del reparto de túnicas de hace unos meses ha dado paso a la habitual soledad de las comisiones de mayordomía que poco a poco y con su labor callada van de nuevo colocando ya limpios en las vitrinas los enseres que se emplearon para las salidas procesionales. La normalidad también ha llegado a las iglesias y a sus bancadas, donde en los cultos mensuales o incluso funciones brilla más el barniz de los asientos que las medallas de los hermanos ausentes. Y es que ya queda lejos el cénit capilleril de la primavera. Ahora los "hermanos" estamos metidos en otros menesteres y nuestra filiación cofrade se basa en estos meses más en el pago de la cuota mensual que en mostrar una actitud proactiva para con nuestra hermandad.

Siempre he sido de la opinión que en la Isla, el mundo cofrade ha tenido un peso social importante. Y es que somos muchos los que vamos alegando que el conjunto de hermandades y cofradías forman el colectivo de personas con mayor peso numérico de los existentes en la ciudad y que, además, pocas instituciones no públicas, han pervivido en la ciudad como lo han hecho las cofradías. Lo malo es que quizás somos muchos pero la calidad escasa, pues como recuerdo haber publicado en mi primer fajín de esparto ...desgraciadamente son pocos los que en cada una de nuestras corporaciones viven la hermandad 364 días del año, en comparación con los que se acuerdan de su cofradía un solo día...

En una sociedad arraigada a sus costumbres y tradiciones, los que han querido alcanzar notoriedad social han tenido en las cofradías un vehículo fácil para alcanzar sus metas. Incluso podríamos decir que existe una connivencia de intereses para que entre los poderes facticos de la ciudad se incluya al mundo cofrade. Espero que los otros no rasquen mucho, pues fácilmente puede salir el latón del que estaba fabricada la bola de oro con la que fuimos presentados.

Con la importancia del organismo que encabezan pero con ese lastre cualitativo de muchos de los miembros de base de nuestras corporaciones, la nueva Junta permanente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, encabezada por Manu García no lo tendrá fácil. Y no porque la votación entre las dos candidaturas haya sido ajustada y exista un intento de hacer oposición en el pleno de hermanos mayores - sería ridículo y de falta de inteligencia-, sino porque los próximos años se presentan cruciales para el conjunto de las hermandades y cofradías.

Desde aquí, no sólo los felicito sino que tengo plena confianza en el grupo humano conformado, en su formación, experiencia y buen hacer. Y en las ideas que quieren desarrollar. Son inteligentes y auguro que lo que ha funcionado no lo van a tocar. El Consejo saliente ha desarrollado en los últimos años ciclos formativos de alto nivel y el trabajo con los jóvenes también se ha asentado. Quizás haya faltado mayor comunicación con las hermandades y que los hermanos mayores tuviesen mayor peso en las decisiones a tomar en los plenos.

Para los próximos cuatro años, habrá asuntos claves en distintas líneas de actuación. Una de ellas será la relación con la ciudad a través de la administración municipal. Establecer un modo homogéneo de implicación de ésta en el desarrollo y fomento de las fiestas religiosas, la regulación de la ocupación de la vía pública por parte de las hermandades no sólo en cuaresma o Semana Santa sino también en otras fechas donde comienzan a proliferar actos de cultos externos; la colaboración interinstitucional en el fomento de la cultura o la problemática de la Carrera Oficial; cuestión ésta de suma importancia y de la que el Consejo con las hermandades al unísono tendrán que posicionarse en el sentido que se estime oportuno para hacer frente a lo que viene con la futura llegada del tranvía... si es que éste por fin llega.  

El Consejo también tendrá que hacerse fuerte en Cádiz, en Hospital de Mujeres. Allí también son conscientes del potencial humano que mueven las cofradías en San Fernando, pero tradicionalmente en la Diócesis, nuestras hermandades no han estado bien representadas y las decisiones en materia de reglas marco que nos han afectado de lleno han pasado más por la calle Cobos gaditana que por Isaac Peral. Si, como parece, se está trabajando en unas nuevas normas diocesanas y estatutos bases, el Consejo de HHyCC de San Fernando tendrá que tener una voz de peso en los cambios que se vayan a producir, pues somos muchos los que pensamos que hay mejoras sustanciales que hacer en este documento.

Por último, el Consejo tendrá también que trabajar para intentar encauzar algunas derivas que estamos observando últimamente y que nos hacen mucho más daño del que pensamos a los que entendemos que el mundo cofrade es más que sacar un paso a la calle. Ya no sólo se disfrazan con túnicas un viernes de Dolores en Gallineras o en otoño sale una "cruz de mayo" desde un colegio, sino que ahora recogen firmas a 40 grados al sol para intentar ultrajar la que puede ser una de las imágenes que atesora mayor devoción de culto interno en nuestra ciudad. Y en todo esto el nuevo Consejo debe dar un paso en firme. Basta ya de tanto tonto de capirote. Algo que también parece normal en esta Isla, porque los que comenzamos a pintar canas, tenemos conocimientos de experiencias similares. Y es que ...a jugar al parque porque al Carmen se va a rezar.