Sin duda es la hermandad -que no cofradía como no gusta llamarla a sus hermanos- más sui géneris de las que procesionan en la Semana Santa de San Fernando. Con un aspecto más propio de las hermandades castellanas la Virgen del Rosario presidió en la noche de Viernes Santo el último cortejo de una hermandad de penitencia ya que consideramos a la de la Resurrección como corporación gloriosa.

En su camino son cientos los que acompañan delante y detrás de la parihuela a esta Virgen que tallara Alfonso Berraquero y que es acompañada por el único sonido de la oración, del rezo del Santo Rosario.

La hermandad tuvo problemas con los hermanos que portaban la parihuela y por ello durante el año pidió los servicios de la JCC, aunque finalmente tras la negativa por parte de la asociación fue un grupo de jóvenes hermanos los que portaron a la Virgen en su salida.

De su nuevo itinerario llama la atención el paso por la estrechez de la calle Daoíz y los puntos ya conocidos como el Parque Almirante Laulhé o el responso en el cementerio. 

Bastante público en la salida y algo también en la recogida pasadas las dos de la mañana cuando se cerraban por última vez las puertas de la Iglesia Mayor a las cofradías que en este templo radican. (ISLAPASIÓN).

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