José Manuel tiene 17 años. Hace nueve cuando la última salida procesional de la Hermandad de la Vera-Cruz desde la Capilla del Cristo aún no tenía edad para coger con sus manos el verde cirio de la Verdad crucera ni revestirse con la negra túnica de los que andan parsimoniosos, mirando al frente y sin musitar palabra en el camino de cada Miércoles Santo por la tarde.

José Manuel tiene 17 años y seguro que recuerda muy lejanas aquellas salidas desde la Capilla. Ayer resumió en tan solo unos minutos lo que es la Hermandad de la Vera-Cruz. Vestido de librea subió al paso cuando este volvió a cruzar el dintel para, de forma parsimoniosa pararse junto al Crucificado que da nombre a un barrio.

José Manuel tiene 17 años pero ayer era como esos cofrades de la Vera-Cruz que peinan canas y que delatan la edad en las arrugas de sus manos junto a un cirio encendido. Ayer, tras esa maniobra que contábamos, subió al paso y uno a uno fue colocando los elementos que faltaban para la tarde del Miércoles Santo. La corona a la Virgen del Mayor Dolor, la aureola a San Juan y el remate de la cruz y el INRI a la devoción por antonomasia de un barrio.

José Manuel tiene 17 años y ayer en la mirada a su Cristo, de frente, como han afrontado los cofrades de la Vera-Cruz las adversidades, le dijo a La Isla que la cofradía volvía a su casa. Que salía de su casa para volver a ella y que con ella toda La Isla se alegraba por la vuelta a lo que debía ser lo justo y lo necesario.

Se levantó el paso en la calle, giró, la plaza enmudeció y ya luego el resto de la procesión fue lo que es y ha sido siempre la Vera-Cruz. 

Daba igual ayer si se llegó algunos minutos más tarde, incluso si el mismo Obispo presidió la estación de penitencia de la Iglesia Mayor o si el sonido de las campanas de la capilla volvió a sonar o no como antaño.

José Manuel tiene 17 años y ayer se doctoró en ser cofrade de la Vera-Cruz en el mismo día que la cofradía salía de casa para brillar en un nuevo Miércoles Santo. (ISLAPASIÓN).

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