El primero de muchos días para el disfrute. Sevilla vivió un Viernes de Dolores para enmarcar. Muy distinto al del año pasado, cuando una leve llovizna deslució las salidas de las hermandades de víspera. El Viernes de Dolores se ha convertido en una jornada, para muchos ya la primera de la Semana Santa, en la que cada cofrade puede hallar la horma de su zapato. Si es de los que prefiere esperar al Domingo de Ramos para ver los primeros nazarenos, puede deleitarse con los exquisitos y tradicionales cultos de las hermandades del centro. Si le gustan las cofradías de ruán, puede contemplar a la de la Corona y a Pasión y Muerte. Si le gusta los grandes pasos de misterio a los sones de una agrupación musical, puede dirigir sus pasos a Bellavista o Pino Montano. Y se opta por el clasicismo, no hay mejor camino que el que conduce hasta Heliópolis para disfrutar con el Cristo de la Misióna los sones de las Cigarreras.

El Viernes de Dolores se vive por la mañana en el centro, horas antes de las primeras procesiones. A la una de la tarde un grupo de chavales accede a la iglesia del Santo Ángel. Son alumnos de uno de tantos colegios e institutos que aprovechan el Viernes de Dolores para visitar las iglesias y ver los pasos ya montados. La fila avanza en silencio, que ya es mucho pedir en estos tiempos, por una de las naves laterales del templo carmelita. Sentadas en los bancos, unas señoras contemplan la escena. Los jóvenes, de unos 13 años, se detienen ante el primero de los tres grandes Crucificados de la muestra que los frailes han regalado a la ciudad por el 400 aniversario del Cristo de los Desamparados, obra de Martínez Montañés. El grupo observa el Crucificado de Pablo de Rojas del Seminario Mayor de Granada. Policromía pálida, casi marfileña, Cristo muerto. Herencia del Renacimiento. Los jóvenes se miran entre ellos y continúan. Presidiendo el presbiterio observan al Cristo de Montañés acompañado de un Dolorosa, la Virgen de la Salud. "Este va a salir en junio en el paso de San Bernardo", dice uno. "¿De qué hermandad es?", pregunta el amigo. "Es de la iglesia", contesta. Tras el diálogo, la fila se dirige hacia la tercera imagen: el portentoso Cristo de la Agonía de Juan de Mesa. "¡Illo, este sí que es guapo!", exclaman. El Cristo de Vergara llama poderosamente la atención de los chavales. El barroco que todo lo arrasa.

En el Salvador, San Lorenzo o la Magdalena, es fácil encontrarse con muchos de estos colegios e institutos cuyos profesores aprovechan el Viernes de Dolores para ofrecer la mejor lección. Sevillanía pura. El centro de la ciudad es un caos. Coches por todas partes, atascos, personas apresuradas haciendo las compras de última hora, operarios que rebajan bordillos, retiran señales, recortan árboles o tapan baches... En la Plaza de San Francisco tiene lugar la tradicional visita de Fiestas Mayores y el Consejo a los Palcos. El delegado, Juan Carlos Cabrera, en la junta de gobierno municipal, se hace de rogar. En la puerta del Ayuntamiento le esperan el vicepresidente del Consejo, Antonio Piñero; y el Tesorero, Francisco Vélez. Sale Cabrera y comienza la visita con sobresaltos. Un inesperado realce situado al inicio de los palcos. "Con esto hay que tener cuidado. Puede caerse algún nazareno mayor o tropezarse un costalero". Los miembros del Consejo consultan a los responsables municipales. No hay que preocuparse. Todavía hay tiempo de solucionarlo antes de que lleguen las primeras cofradías el Domingo de Ramos. "Estoy agotado pero expectante por lo que vamos a vivir", comenta Cabrera. Tras la foto de rigor y ver que todo está orden. Hay que ir a inaugurar a exposición de fotos de Martín Cartaya que se ha colocado en la fachada de Banco de Andalucía de la Avenida. Fotografías con alma, se llama. No podían haber elegido mejor nombre. Por allí pasa el pregonero de las Glorias, Miguel Andreu, que viene de dejarle su pregón al arzobispo.

Mientras en el centro se celebraba el bellísimo e íntimo vía crucis al Cristo de la Caridad o los besamanos y besapiés a la Soledad, la Virgen de los Dolores, la Quinta Angustia, Vera Cruz... en los barrios comenzaba a hacerse la Semana Santa. El calor y el sol, que parece que ya serán la tónica predominante para los próximos día, ya se dejan notar con fuerza este viernes. Muchas personas buscaban el refugio bajo los árboles antes de la salida de la Hermandad de Pino Montano, la más madrugadora. Hasta allí se desplazó el alcalde, Juan Espadas, para acompañar a la hermandad en su salida. Es esta una de las cofradía más bulliciosas de la vísperas. Un gentío se desplaza por la noche para disfrutar del buen andar de los pasos del Señor de Nazaret y la Virgen del Amor. En Heliópolis se subliman todos los sentidos. La cofradía de la Misión, pese a su juventud, ha conseguido un poso y una solera que hay que destacar. Escapulario. Azahar. Sones cigarreros. En Bellavista eran novedad las dos nuevas figuras para el paso de misterio: Judas y San Juan, realizados por el imaginero Juan Manuel Montaño. Por la mañana, recuerdo para los ausentes en el entrañable acto con los donantes.

Las dos últimas cofradías el días son de ruán. Negro en Triana. El de Pasión y Muerte, la hermandad que ha recuperado para la Semana Santa dos advocaciones perdidas. El portentoso Crucificado de Navarro Arteaga remueve conciencias y enciende los rezos. Tal vez la hermandad, aunque mantuviera su sede canónica, debería buscar un templo para que el paso pudiera salir con normalidad y que el futuro pueda unirse la bellísima Virgen del Desconsuelo y Visitación, también de Navarro Arteaga. Del ruán negro, al morado del Cristo de la Corona. Sagrario de la Catedral. Son muchos los cofrades que se deleitan con este dulce nazareno que abraza la cruz por su idílico recorrido. Es la fe de los barrios.

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