Ya pasó el trámite necesario para que la Semana Santa se espere con el traje del Domingo de Ramos temblando de la emoción.

Pasaron la mayoría de actos litúrgicos de honor y gloria a Cristo y María. Pasaron los besapiés, besamanos y víacrucis como prólogos de esta tierra nuestra de una devoción que no entiende de injerencias políticas, ni del malmeter de quienes no la comprenden y nos ven como meros continuadores de un concepto de vida arcaico o –no podía faltar- ideológico. Pasó de la Cuaresma casi ella misma, entre el ajetreo de una primavera recién nacida que era esperada como lo es el primer golpe de llamador.

Pasaron las malhadadas presentaciones de cartelerías y otros pregones menores. Y  aquí que se moleste quien quiera, pero sin llegar al del Domingo de Pasión, más allá de lo jactancioso que unos digan que son, de lo exquisito o su falta de escasez literaria, de lo leve o profundo; forman parte inherente del anuncio que hace la citada Cuaresma. Valor tienen los designados por hermandades, asociaciones o comercios que los organizan en hacerse cargo de ellos, habida cuenta de lo que uno lee al respecto por estos lares.

Eso sí, para que no me tachen de generoso o poco culto; si uno se va a poner a escribir, que escriba como si fuese a hacerlo en el Teatro de Las Cortes. ¡Qué menos!

Pasó el pregón –el Pregón- de Sánchez Casas, reivindicándonos a todos los cofrades, recorriendo los sentidos que en esta fecha se nos agudizan, poniendo las cosas en su sitio en esta ciudad que no las tiene todas consigo –que hasta la alcaldesa hizo ayer gala de ello- y aún así, como un buen hijo, amándola.

Llegan ahora las dudas. Cuando los andas han tomado las calles a paso traslado y las almohás, orgullosas, se pasean bajo los brazos de sus cargadores ávidas de probar maera a las isleñas maneras. Cuando todo ya anuncia lo inminente, que hasta aquello de <>> parece ya obsoleto, y que las túnicas yacen impenitentes –qué paradojas- aguardando su porqué; cuando el tiempo se mide, no en minutos, sino en vientos que alejen las nubes. Ahora llegan las dudas.

Hablando de dudas. Preguntaba mi estimado Alberto Salas Sánchez, en su sección en El Castillo de San Fernando, al respecto de lo expuesto sobre los cargadores, si la carga de La Isla tiene buena salud. Alberto, ¡Salud, Estrella, Esperanza, Buen Fin...! ¿Te parece poco?

Pues cuando todo ha sucedido según lo deseado, esperando que el Pregón de la Semana Santa pidiese la correspondiente venia, se avienen los verdaderos nervios. Pues, citando a Antonio Burgos, <<¡esto ya está aquí!>>.

Dentro de pocos días, como hace años, aguardaré desde la azotea de mi casa mirando hacia la calle Colón buscando el otro pregón, el último; el que se da sin palabras: el del primer niño revestido de hebreo camino de La Salle.


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