La restauración de la imagen de Jesús Nazareno de Sanlúcar la Mayor (escuela granadina del siglo XVIII) por Luis Álvarez Duarte ha generado una gran polémica en la localidad sevillana de Sanlúcar la Mayor y entre los entendidos en restauración.

La base de los hechos radica en la retirada del pelo natural por un añadido en madera, que «estaba causando estragos en el rostro», además de por el uso de esos productos químicos para su mantenimiento que estaban provocando unos «efectos muy negativos» en la imagen, según asegura el restaurador. Además de ello, la hermandad justificó a Pasión en Sevilla que «la realidad es que podríamos decir que la decisión de cambiar el pelo no ha sido una propuesta de junta de gobierno, sino que ha sido una demanda de los hermanos que hemos atendido en su deber».

Por otro lado, muchos expertos califican de «despropósito»esta intervención, que «ha destruido el icono barroco de este nazareno y los postizos que lo caracterizan, por mor de una moda mal entendida que lo convierte en uno más y le quita valores plasticos y elementos singulares, que lo hacían único por la escasez de ejemplos en la zona», como argumenta el historiador del arte y experto en museología, Ignacio Sánchez Rico.

Tras esta intervención, «la administración debería tomar cartas en el asunto y tratar de penar u obligar a restituir los valores perdidos a los responsables», argumenta Sánchez Rico.

Asimismo, el profesor de Historia del Arte, Jesús Romanov defiende que «retirar la cabellera no es una excusa para el daño de la imagen». Para este hecho argumenta los casos del Caído de Murcia (obra de Salzillo), el Nazareno de Cádiz (anónimo siglo XVI), el Nazareno de Estepa (Luis Salvador Carmona) y «muchas otras más imágenes de primerísima fila a la que aún no les ha ocurrido nada por tener pelo natural. No se puede decir lo mismo de otras a las que se les sustituyeron las pelucas por pelo de estopa y pasta, convirtiéndose en nidos de xilófagos».

No por lejana en el tiempo, una de las restauraciones más conocidas en un caso similar se produjo en el año 1904 con la retirada de la cabellera de pelo natural al Cristo de las Tres Caídas de Triana, modificando su fisonomía al completo.

Manuel Gutiérrez Reyes-Cano sustituyó estos elementos por una simulación de pasta conseguida con yeso, estopa y colorante, añadiéndole unos aladares de la misma mezcla sobre la oreja derecha, elementos que tuvieron que ser sustituidos en diversas restauraciones a lo largo del siglo XX. Se ignora quién le colocó los ojos de cristal que hoy tiene, ya que la primitiva imagen debió tenerlos pintados, lo habitual en las tallas de la época.

Se plantea así esta cuestión tras someter estas intervenciones tan importantes a un cabildo general de hermanos que decidan sobre el resultado final de la imagen. Los criterios de restauración mantienen un mayor control en estos tiempos que en décadas pasadas y así se ha demostrado en este caso. El debate está servido.

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