No pudo ser. Ya os dije una vez

en una confesión particular

con el corazón tecleando

que, aunque os marchaseis,

La Isla os seguiría recordando.


El silencio ya no será el mismo

tras aquellos muros blancos.

El silencio ya no será de oración,

sino de vacío nostálgico.


Las rejas de vuestras ventanas,

cerradas a cal y canto;

Carrera Oficial de humildes palcos.

Muda quedará la campana,

mudos los pájaros

que a vuestro jardín traían

la esencia del santo franciscano.


Tristes las puertas,

huérfano el torno;

desnuda la capilla,

desangelado el sagrario.


Quedará solo el silencio,

pero ya no será aquel,

feliz con vosotras clausurado.

Quedará triste, desahuciado,

anhelando oír vuestros pasos.


Os lo dije una vez,

y vuelvo a darle razón a lo confesado:

aunque os marchéis, Capuchinas,

La Isla os seguirá recordando.


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