El aniversario no es tan redondo como el del año pasado, pero las ganas son doble para los hermanos de la cofradía de la Palma que ayer vivieron su día grande. Durante toda la semana habían cuidado hasta el último detalle para la salida procesional de la Virgen que la Viña esperaba con ansia tras la decepción de la última vez. El temporal deslució la celebración de los 260 años del drama de aquel maremoto que amenazó la ciudad, pero el tiempo iba a respetar esta vez y así apuntaba desde temprano.

El rezo del rosario con el que se iniciaron los actos matinales cobró un especial significado, pues la Archicofradía está de celebración y el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, dirigió la comitiva portando el crucifijo desde el templo hasta La Caleta. El mismo que levara el padre Francisco Macías en 1755 para dar las gracias por frenar la tragedia y bendecir las aguas para que nunca más volvieran a amenazar la ciudad.

Esta ha sido la primera vez que un prelado ha dirigido el rezo, un gesto que Monseñor Zornoza quiso tener con la corporación en el 325 aniversario de la fundación de la primera Compañía Espiritual del Rosario. Y mientras los hermanos regresaban la calle de la Palma se iba preparando para el festivo. Los balcones ya lucían adornados desde temprano con faldones granate y el emblema de la cofradía, mientras que los veladores se iban ordenando para permitir el paso de todos aquellos que han querido pasar a visitar la imagen.

Justo al mediodía los devotos se apretaban en el reducido espacio de la pequeña iglesia de La Palma para celebrar la función votiva con la que se cerraban los actos de acción de gracias. Miembros del Consejo de Hermandades fueron tomando asiento, así como la exalcaldesa Teófila Martínez, que un año más acudió a la cita con la reina de la Viña. 

La Misa Típica Gaditana, que con tanto cariño interpreta el coro parroquial de La Palma, sonó con fuerza en el templo durante una eucaristía larga en la que el obispo animó a «buscar la felicidad en el amor de Dios». Monseñor Zornoza centró su homilía en la necesidad de «volver la mirada hacia Cristo», una vez que «la modernidad y la posmodernidad han pasado sin que hayan llenado la vida del hombre». El obispo argumentó que todo ese escepticismo «nos ha dejado vacíos y desconcertados» y animó a buscar de nuevo la fe. La misma fe que sintieron los vecinos del señero barrio aquel 1 de noviembre de 1755 cuando las aguas pararon casi a las puertas de la iglesia. «Hoy tenemos nuestros maremotos particulares –ha continuó el prelado– que encuentran consuelo en Dios, en la confianza en el amor del Padre». «En cierta forma –dijo el obispo a modo de conclusión –el cristiano tiene la patente del amor, pues lo ha conocido de la palabra de Cristo. Esa ha sido su primera enseñanza antes que las leyes».

El hermano mayor de la Archicofradía de La Palma, Francisco Javier Lucero, tomó la palabra justo después para renovar el voto en nombre de todos los fieles. La alegría se notaba en sus palabras por la relevancia que adquiría la jornada de ayer para la corporación. Recordó que la tradición es la misma que hace 261 años, «la manera de cumplir con el mandato de nuestros mayores», dijo. Una vez más pidió a la Virgen que protegiera a la ciudad y se comprometió a seguir rindiéndole honores en agradecimiento por aquel gesto.

Vestida con la saya y el manto color crema, aguardaba para su salida la Virgen de la Palma. Aún no habían dado las cinco cuando volvían a concentrarse los devotos ante su puerta. Ya en su paso y vestida con la saya y el manto de color crema la encontraron poco antes de la procesión que cumpliría el mismo itinerario de los últimos dos años.

Esta será la tercera vez que la talla recorra las calles tras el traslado a Santo Domingo para visitar al Nazareno de Santa María el pasado 31 de agosto y el regreso a su templo, a principios de septiembre. Fue un momento histórico que se vivió con motivo del aniversario de la corporación y que ha quedado en el recuerdo de todos los cofrades.

La banda de la Soledad de Cantillana fue la encargada de acompañarla, iniciando la salida con la ‘Marcha Real’. También interpretó entre las primeras la pieza que fue compuesta especialmente para ella: ‘Palma Coronada’. Le siguió ‘Virgen del Rosario Coronada’ y la marcha ‘Reina del Mar’, para dejar ‘Madrugá Macarena’ justo en el momento en el que el cortejo enfiló por la calle San Félix.

Los balcones se abarrotaron para verla pasar y se llenaron las calles que iban completando el itinerario. Ya avanzando hacia La Rosa empezó a sonar ‘Regidor Perpetuo’, dedicada al Nazareno de Santa María y en recuerdo de ese momento especial. Los integrantes de la banda se reservaron ‘Virgen de las Aguas’ para el anochecer, cuando la imagen lucía sólo alumbrada por las farolas y las velas del paso.

Uno de los momentos más emotivos de la procesión llegó cuando el capataz Antonio Valero dirigió el paso hacia la calle José Cubiles donde esperaba una sorpresa. Desde un balcón se oyeron las alegrías que el conocido corista Luis Rivero ha compuesto para la Señora de la Viña. El detalle fue agradecido por los hermanos y, en cierta forma, ha sido también la manera con la que este cofrade ha devuelto el favor tras ser elegido el año pasado pregonero de la Virgen de las Penas.

Aún no habían dado las nueve y media cuando María de la Palma Coronada entraba en su templo bajo la mirada de los fieles que la esperan otro año más en sus calles. (ISLAPASIÓN).

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